Trump y Groenlandia: ¿Seguridad nacional o pacto secreto con Putin?
- filosofialacalle
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Raquel Lacasta
El renovado interés del presidente Trump por Groenlandia no es solo una excentricidad inmobiliaria, sino una jugada maestra con capas visibles y sombras ocultas que podrían redefinir el Ártico. Públicamente, Trump justifica su obsesión con la isla danesa como una necesidad de seguridad nacional: controlar rutas marítimas clave en el corredor GIUK, contrarrestar la expansión militar de Rusia y China, y explotar reservas de minerales raros como tierras raras y uranio para independizarse de Pekín y reforzar la base de Pituffik. Esta narrativa resuena en un mundo donde el cambio climático abre nuevas rutas polares y tensiones geopolíticas, presentando la adquisición como un "gran acuerdo" para la autonomía americana y el escudo antimisiles.
Pero ¿por qué tanta urgencia ahora, cuando Dinamarca rechazó la compra en 2019 y lo hace de nuevo, incluso ante amenazas de aranceles? Aquí entra lo turbio: fuentes periodísticas recientes destacan cómo Trump vincula Groenlandia a Rusia de forma peculiar, acusando a Moscú de amenazar la isla con buques "rodeándola", afirmaciones que analistas europeos tachan de exageradas. ¿Y si el verdadero objetivo es un pacto tácito con Putin? Imaginemos el escenario: Trump negocia en secreto, usando Groenlandia como moneda de cambio para que Rusia ceda influencia en Ucrania o Siria, a cambio de que EE. UU. "libere" la isla de la órbita OTAN, debilitando a Europa y ganando un respiro en sanciones para Moscú.
Esto explicaría la tibieza de Trump hacia Putin pese a las provocaciones rusas en el Ártico, su creciente flota nuclear y la presión sobre aliados como Dinamarca. Si Trump logra su Groenlandia –por compra forzada, arrendamiento o ultimátum–, el Ártico se bipolarizaría entre EE. UU. y el eje Rusia-China, marginando a Europa y cuestionando la credibilidad de la OTAN. El interés público es creíble en su lógica estratégica, pero el hilo oculto con Putin –posible trueque por paz en otros frentes– merece escrutinio profundo, convirtiendo la "grandeza americana" en un isolationismo cínico. Groenlandia no es solo hielo derretido; es el tablero donde se juega el futuro global. ¿Negociador genial de Trump o marioneta de Moscú? El tiempo, y las filtraciones, lo dirán.
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