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Epstein / Chomsky: Atroz con leche


Óscar Sánchez Vadillo


Brian Epstein es como el Cid Campeador pero en satánico: sigue haciendo daño hasta después de muerto. Parece obvio que hace mucho que Noam Chomsky no tiene edad para aprovecharse de ninfulas, y cualquiera que lo haya leído o seguido un poco sabe, o tiene la convicción moral -como tenían los jueces en los tribunales franquistas-, de que este señor es completamente incapaz de llevar doble vida, lingüista y centinela (https://dialektika.org/noam-chomsky-el-centinela-de-occidente/) por el día, miembro de un verdadero aquelarre de sexo y poder por las noches. Personalmente, pondría la mano en el fuego por él, sencillamente porque quiero creer que alguien como Chomsky no es metafísicamente imposible ni un animal mitológico. Epstein era una bíblica serpiente, pero Chomsky no comió del fruto prohibido. Simplemente, el sabio le sirvió de cortina de humo, de aval de pureza moral. Y Chomsky, como tantos intelectuales de prestigio que sienten que al envejecer ya nadie se acuerda de ellos, fue sensible a la adulación. No hay nada peor que la adulación, la adulación sustenta y alimenta a tipejos como Trump. Pero quien se tenga por capaz de resistir a ella en cualquier circunstancia, que tire la primera piedra…

No podemos permitir que un tipo que comandaba un círculo de influencia de miserables ávidos de cometer hasta el último pecado nos hagan pensar que no hay gente buena, honesta e inmensamente más inteligente que ellos. Esos “ellos” son astutos, manipuladores, rastreros y sin escrúpulos (la carrera entre la tortuga y la libre la perdió la tortuga, después de todo, porque cargaba una pesada concha de escrúpulos), y su mayor victoria se verifica cada vez que un adolescente repita bovinamente que todos tenemos un precio. Noam Chomsky no lo tiene, no puedes quemarte las cejas como él lo ha hecho denunciando los crímenes de Occidente para luego tropezar en el último recodo del camino. Sin embargo, en influyentes medios españoles como CTXT ya le han crucificado. Somos muy poco leales a los nuestros, y parece que “ellos” lo saben…

Epstein hacía eso que dijo famosamente el Duque de la Rochefoucauld: era hipócrita, porque, al fin y al cabo, “la hipocresía es el homenaje que el vicio rinde a la virtud”. Estados Unidos de América es un país, o un arquetipo, en el que, según me contaron la semana pasada, hay carteles en los semáforos para recomendar a la población no dar limosna a los homeless. Difícilmente se puede ser más malnacido que haciendo algo así. El liberalismo clásico no era eso, el liberalismo clásico era Adam Smith, catedrático de Filosofía Moral en la Universidad de Glasgow, dejando bien claro por escrito que existen bienes imprescindibles que deben permanecer fuera del mercado, como la defensa, la justicia, las obras públicas y la educación. Sin duda, Noam Chomsky está más de ese lado que cualquiera que hoy se diga eso de “neoliberal”. No le fallemos a última hora.

 
 
 
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