Los nuevos cyber-gurús
- filosofialacalle
- hace 3 horas
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Óscar Sánchez Vadillo
Especialmente a Yuval Noah Harari yo le odio de manera visceral y espero que también razonada. El tío no tiene ni idea de las mínimas exigencias académicas de las que se debe tener cierto conocimiento antes de decir las barbaridades que dice. Es verdad que en esto la Filosofía se ha pasado siempre de largo, considerando como requisitos de rigor unas condiciones que luego apenas se cumplen (y muchas escuelas han consistido tan sólo en su introducción metódica, sin apenas desarrollo posterior, como la Fenomenología), pero lo de Harari se pasa de corto, cortito y cortísimo. Da por buena cualquier información que pilla por ahí, sin citarla puntillosamente, habla de otras gentes que están ya haciendo otras cosas muy avanzadas pero de las que se guarda pudorosamente el nombre, afirma contundentemente lo que le da la gana sin tener en consideración que todo tiene un marco previo a partir de cual y sin el cual no puede ser algo presentado al debate, y en general usa de ese estilo de programa de futurología a la americana consistente en electrizar al lector con enunciaciones sencillas e impactantes justificadas únicamente en el tamaño de sus testículos. O sea, que es un autor de best-sellers de presunta divulgación futurológica, lo cual está muy bien, pero pasando por alto las elementales cautelas del saber y sin nunca medir las consecuencias de lo que dice, lo cual está muy mal. Es el Iker Jiménez o el Rappel del Zeitgeist, con más lecturas que ellos de supuestos estudios científicos supuestamente serios pero que nadie va a rastrear, porque son muchos e insignificantes.
Pero como Harari es calvo bruñido, lleva gafitas, es gay, tiene un nombre raro y se va al Himalaya a hacer meditación trascendental cada dos por tres, la gente se pilla con el personaje. Y todavía nos reímos de los Beatles cuando se dejaron liar por el Maharishi... En fin, yo tengo una amiga que todavía hoy lo flipa con un tal Osho, que no es, por lo visto, nada Cyber. Lo Cyber tiene de fascinante ese continuo hablar desde la atalaya del futuro, como si se otearan grandes y gigantescas trasformaciones a las que el lector se va a adelantar gracias a su cybergurú. En conclusión, que cybergurús como Harari y tantos otros no son, en mi opinión, más que chamarilleros de presunta información privilegiada, al servicio de tecnófilos e ilusos...





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