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La “Voluntad de Arte”



Óscar Sánchez Vadillo


Dijo César Aira, plumífero argentino que ya calza unos hermosos 74 años... "La literatura, entendida como arte de la palabra, a mucha gente hoy día no le basta, no le alcanza, necesitan algo más, necesitan ideología, derechos humanos, sensibilidad social. Cuando hay pura literatura, como en mi caso, somos los escritores a los que no les dan premios"


Al margen de que Aira (al que conozco sólo por ser detractor de Cortázar en el país de Cortázar) sí ha recibido numerosos premios, creo que aquí no tiene razón. La gente sabe de sobra que un libro sólo es un libro, como cuando dicen que bueno, no te pongas así, "sólo era una película"... Claro que en un libro o en una película puede haber mucho arte, pero ese arte significa sobre todo haber aprendido de producciones pasadas a estilizar los recursos, un esfuerzo, o un talento, dirigido exclusivamente a cinéfilos y futuros hacedores de novelas o filmes. Todo el proceso, pues, queda encerrado en el círculo de los especialistas, y la gente puede, o no, interesarse por ello, pero únicamente desde fuera. Hace unos días en el periódico El País (“el periódico del movimiento”, como decía el Maki) un crítico tuvo la mala leche de dejar constancia de los comentarios que personas normales y más bien incultas habían hecho en foros de tercera regional a grandes obras maestras del cine mundial. Uno decía, por ejemplo, que El padrino era "otra película más de tiros"... Se trataba, me parece, de una comparación injusta por parte de dicho crítico. El chaval que habría escrito eso ignoraba que El padrino no se había hecho meramente para entretenerse, sino que en ella había algo así como "voluntad de arte". ¿Y dónde pudo aprender eso, en las largas listas de autores y obras medievales españolas que se ingieren como pienso insulso y sólo por su portada en la asignatura de Literatura de Cuarto de la ESO?

Pero supongamos que el chaval lo intuye, a pesar de todo, que presiente qué pueda ser el arte además o por encima de una manera de pasar el rato o hacerse famoso... ¿por qué iba a importarle, en qué le afecta? Esa voluntad de arte no va a cambiar su vida, para la cual un libro, o una película, son sólo un libro o una película. No tiene él por qué asimilar que ver una película, o leer un libro, es un acto en cierto modo moral, porque difícilmente lo es, si nos ponemos serios. Pongamos por caso que yo leo un libro sobre la situación de la mujer en Afganistán y eso sólo me sirve para una conversación más bien dura y desagradable, o tal vez autocomplaciente, en una cena de sábado con otra pareja de ávidos lectores, a la manera de los personajes snob de Woody Allen. No vamos a hacer nada más además de hablarlo y sentirnos muy concienciados por ello, no vamos a ir, desde luego, a Afganistán a formar una ONG de lucha contra el machismo. De manera, creo, que la gente como el chico del desafortunado comentario sabe muy bien lo que es el arte: el arte no son más que unos tipos que quieren destacar por su habilidad en un oficio que sin duda es mil veces mejor que trabajar de 9 a 5 y que encima les reporta premios y palmaditas en la espalda como en el caso de César Aira. Poco que ver, me parece, ni remotamente con el conocimiento o la moral, y mucho con la vanidad, el estatus social y una falsa conciencia que pretende humanitarismo pero que encubre un feo sentimiento de superioridad como la que se puede ver en la estupenda película, también argentina, El ciudadano ilustre...

Pero es que algunos, para colmo, muchos en realidad, hasta se permiten ponerse melancólicos y escribir una tonelada de páginas acerca de sí mismos y de sus tribulaciones de desocupados comecocos, al estilo de Joseph Roth o Ricardo Piglia, que tanta paz lleven como descanso dejan...

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