Jean-Paul Sartre y Simone de Beauvoir
- filosofialacalle
- 16 may 2020
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La historia de amor entre dos grandes intelectuales del siglo XX

Sus nombres eran Jean-Paul Sartre y Simone de Beauvoir y se convertirÃan en dos de los pensadores más influyentes de su época.
"Hoy en dÃa tendemos a olvidar cuán glamorosos y famosos eran, como estrellas de cine", dice la escritora Claudine Monteil, una de las fundadoras del movimiento de derechos de las mujeres en Francia y amiga personal de la pareja.
En los años 70, "en Francia, un escritor era como una estrella de cine", explica Monteil. "TenÃan una reputación extraordinaria eiban por el mundo siendo recibidos como cabezas de Estado".
Su historia de amor y de mutua colaboración intelectual, que se extenderÃa por medio siglo, fue una de las más famosas y menos convencionales del siglo XX.
No solo nunca se casaron, algo ya escandaloso para la época, sino que -todavÃa más chocante- tuvieron una relación abierta en la que ambos tenÃan amantes.
Monteil, los conoció en la década de los 70, cuando ella tenÃa 20 años, y ha escrito numerosos libros sobre la pareja.
En entrevista con el programa Witness de la BBC, Monteil habla de cómo los conoció y cómo era esta legendaria pareja en la intimidad.
Conociste primero a Sartre en una protesta en ParÃs y tuviste un episodio vinculado a unos libros de cómics. ¿Qué pasó?
Fue extraordinario porque habÃa soñado con conocer a Sartre y tener una reunión muy intelectual y seria con él. Tu sabes, cosas que piensas cuando eres una estudiante de 20 años y vas a conocer a un gran filósofo como él. Sartre me preguntó qué libros traÃa. Y yo estaba tan avergonzada de traer esas lecturas no intelectuales... Me ruboricé y estaba casi que llorando, pero le tenÃa que mostrar. Entonces, de repente, Sartre hace una sonrisa enorme y me dice: "¿Te gustan los libros de cómics? ¡A mà también!". Y empezamos a hablar de cómics y como nos gustaban tanto a los dos, al final declaró: ‘Eres una joven estudiante muy interesante".
En base a esa charla, él se ofreció a presentarte a De Beauvoir, que era tu heroÃna. Y fuiste con una delegación de mujeres que integraban la campaña para legalizar el aborto en Francia.
Fui a su casa y éramos como ocho mujeres, todas al menos 10, 20 o 30 años más grandes que yo. Cuando llegué y me senté frente a ella, estaba esperando escucharla, pero me quedó mirando y dijo: "¿Cuál es tu punto de vista y qué sugieres como estrategia para la campaña para legalizar el aborto?".
Tuve que responder al instante y Hélène de Beauvoir, su hermana, luego me dijo: "Hiciste lo correcto al responder, porque si no lo hacÃas, no ibas a existir más para ella".
¿Cómo eran Sartre y De Beauvoir?
Al conocer a Sartre, lo primero que te golpeaba era cuánto más feo era en persona que en fotos. No era un hombre atractivo, por asà decirlo. Pero tenÃa la voz más extraordinaria y cálida que jamás haya escuchado y, cuando te hablaba, te hacÃa sentir que eras la única persona que interesaba en el mundo.
Simone de Beauvoir me trató con dignidad cuando yo era tan joven... Te dirÃa que era una persona muy directa y frontal. Y para mà eran la mejor pareja del mundo. Los unÃa la forma de ver el mundo y la escritura. "Cuando la conocÃ, tuve la sensación de tener la mejor relación que pudiese tener con cualquiera", me contó Sartre. Era una relación completa que implicaba una igualdad total.
Ella se volvió tu amiga y la visitabas una o dos veces por semana. En base a esa cercanÃa dices que pudiste notar que ella encontraba difÃcil tener que compartir a Sartre con las muchas otras mujeres que habÃa en su vida.
Ella habÃa aceptado el pacto que tenÃan de que eran el amor más esencial de sus vidas pero que, al mismo tiempo, tenÃan amantes. Ella también tenÃa amantes a los que querÃa mucho, como el escritor estadounidense Nelson Algren y el escritor francés Claude Lanzmann. Pero, cuando los conocà en los años 70, fue un shock porque Sartre tenÃa una agenda de una hora para esta mujer, una hora para esta otra, y luego destinaba las comidas y tardes para Simone de Beauvoir. Ese no era mi ideal de relación amorosa y podÃa ver que, en realidad, Simone de Beauvoir estaba sufriendo por eso.
¿Él alguna vez intentó seducirte?
Nunca intentó seducirme, pero una vez me invitó a almorzar solos. Entonces alguien cercano me recomendó no ir porque todo el mundo pensarÃa que lo estaba intentando seducir. Asà que cancelé el almuerzo y Sartre entendió muy bien. Y desde entonces Simone de Beauvoir supo que nunca intentarÃa seducir a Sartre y eso creó un vÃnculo muy especial entre nosotras.
La pareja compartÃa la pasión por las ideas y la escritura, pero ella podÃa ser una crÃtica muy dura, ¿no?
Cuando Simone de Beauvoir leÃa uno de tus textos era como una profesora y era dura, pero él amaba eso. Sartre nunca publicó nada sin que Simone de Beauvoir lo hubiera leÃdo palabra por palabra y criticado. Una vez él le pidió que regresara antes de Estados Unidos solo para que le corrigiera un manuscrito.
Hélène de Beauvoir me contó que una tarde ella le dijo a Sartre: "Este texto es muy pobre, no puedes publicarlo", tomó los papeles y los rompió. Él estaba acostumbrado a sus crÃticas, pero para ese entonces, ya estaba perdiendo la visión y le era muy difÃcil escribir. Él le respondió: "Te odio, Castor", que es como le llamaba por la similitud entre beaver, el nombre del animal en inglés, y el apellido de ella.
Entonces, ella le dijo: "SÃ, me odias hoy, pero mañana de mañana volverás a tu manuscrito y lo escribirás de la forma que usualmente lo haces".
Y todo estuvo bien. Era amor.
¿Cómo eran el uno con el otro?
Simone de Beauvoir era más alta que Sartre y ponÃa su mano en el hombro de él todo el tiempo, era un gesto muy tierno. Y él siempre la miraba, aunque ya no pudiese ver muy bien al final. A veces también se terminaban las frases el uno del otro.
Sartre me contó que la primera vez que habló con ella quedó fascinado por su belleza y su inteligencia. "Siempre me pareció hermosa-me dijo-, incluso cuando la conocà por primera vez... ¡y eso que tenÃa puesto un sombrero muy feo!".
"Lo maravilloso de Simone de Beauvoir —continuó— es que tiene la inteligencia de un hombre (...) y la sensibilidad de una mujer".
Sartre murió el 15 de abril de 1980, cuando tenÃa 74 años. ¿Cómo fue para ella?
Él murió justo después de que ella dejó el hospital. Eso le rompió el corazón. Y lo otro que le rompió el corazón fue tener que organizar el funeral. El gobierno francés le ofreció poner un cordón policial para hacer toda la caminata desde el hospital hasta el cementerio, pero Simone de Beauvoir rechazó todo esto.
Dijo: "No, Sartre no querÃa ningún reconocimiento oficial. Solo querÃa que la gente estuviese ahÃ". Y yo le comenté: "Pero no vas a tener a nadie protegiéndote y van a haber miles de personas".
De hecho, eso fue lo que sucedió: creo que la cifra oficial de concurrencia a su funeral fueron 50.000 personas.
Hubo exactamente una milla y media de personas a lo largo de tres avenidas yendo al funeral.
Cuando llegamos al cementerio ni siquiera habÃan protegido los alrededores de la tumba y los periodistas, especialmente los de televisión, empezaron a empujarme con las cámaras, para tener una mejor imagen de Simone de Beauvoir.
Simone de Beauvoir empezó entonces a desvanecerse y luego se desmayó en su casa y tuvo que ser hospitalizada en emergencia por dos semanas. Fue terrible. Estuvo llorando todo el tiempo, pero lo que le salvó la vida fue escribir: decidió escribir la historia de los últimos años de Sartre. En ese mismo libro publicó 100 páginas de entrevistas a Sartre sobre temas que él no pudo publicar. Son discusiones entre ellos sobre la escritura de Sartre, la vida y la noción de libertad, que son extremadamente removedoras y bellas.
Durante sus años juntos, Sartre escribió sobre filosofÃa y existencialismo, narró obras de teatro, novelas y tratados, eliminando numerosos absolutos y certezas morales del pasado. Incluso ganó el Nobel de Literatura en 1964, pero lo rechazó porque "consistentemente habÃa declinado todos los honores oficiales", señala en su página web la propia premiación.
De Beauvoir escribió sobre ética, filosofÃa y el lugar de la mujer en el mundo, obras que inspiraron una generación posguerra dominada por la escena intelectual francesa.
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