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EN CARNE FOTOGRAFIADA



Escribe Jean-Lunc Nancy una reflexión sobre el retrato de Derrida que pintó Valerio Adami:

“Del muerto buscamos esa carencia-de imagen que es, para nosotros, la presencia de los seres vivos, la vecindad y la proximidad que no miramos, que no escrutamos, pues ese rostro familiar no está hecho para que lo miremos sino que nos dirijamos a él, le hablemos, lo besamos, lo tomamos entre las manos. Desde el día de la desaparición comienza al mismo tiempo la vana espera cruelmente frustrada y el encuentro con la imagen. Cuando estaba vivo, él Jacques Derrida, ya sabía mejor que nadie que cualquier imagen porta esa muerte que llega a través de los ojos…”

Los rostros que aparecen en esas fotos que se van acumulando en nuestros álbumes: el descolorido de un cumpleaños, rodeado de esos amigos que emigraron, en el salón de casa. Esas imágenes de cuando una noche, allá hace no sé cuantos años, saliste con los compañeros para celebrar el fin de carrera, las fotos con tu novia sentada en un banco, las fotografías juntos a tus padres, el recuerdo de tus compañeros de mili, aquel edificio donde trabajaste, el chico ese cuyo nombre, ahora, no recuerdas ¿qué habrá sido de él? La mañana esa que, ¡sorpresa!, encontraste tu calle llena de nieve. La sonrisa de tu hijo, cuando pequeño, viniendo corriendo hacia ti ¿en qué momento, de tu vida, dejo de ser tu pequeño? Esas reuniones de familia, tan felices, aquellas Nochebuenas ¡Ah!, como odias, hoy por hoy, la Nochebuena. Los fuegos artificiales en las fiestas de tu pueblo…

Ves con sorpresa, mientras miras a tus viejas y arrugadas manos, que tus ojos no han envejecido. Contemplas en el espejo, con resignación, como los años han pasado magullando tu cuerpo, cansando tu alma. En ese momento no piensas nada, abres el grifo y te echas sobre la cara agua fría para despejarte. Levantas la vista, el mismo rostro marchito delante del espejo. Y eso, aunque haces que no te das cuenta, es tu vida.

Ya desde pequeños nos han enseñado, en el colegio, que el hombre nace, crece, se relaciona con el medio ambiente, se reproduce y muere. Somos, en el fondo somos eso, animales desorientados en este mundo caótico. Rostros que se van sucediendo, con el cada vez mayor avance de la tecnología, de una manera más rápida y menos sorprendente. En cualquier lugar, a cualquier hora, podemos hacer una fotografía y colgarla en páginas como Facebook. Esas ansias de inmortalidad del hombre, de vivir de manera pública para los demás, ese miedo a ser olvidados, de serse olvidados en el oscuro callejón de la nada, no hace, sino, que intentemos captar y hacer público momentos de nuestra vida. Esos momentos que queremos que no caigan en el saco roto del tiempo. No es sino el mismo instinto animal de sobrevivir siempre. Hablaba Heidegger:“el animal a diferencia del ser humano no muere expira.” Sólo los seres humanos nos posicionamos ante el futuro de nuestra muerte. Nos hacemos preguntas sobre el rostro de nuestros propios fantasmas que aparecen, todos los días, en el espejo. —Emociones - se decía angustiado Munch cuando contemplaba su obra “El grito”- tengo que dejar de sentir emociones. Pero, no, no podía

Sigue reflexionando Jean-Lunc Nancy en su libro:

“Solamente le falta hablar: por lo tanto, no le falta nada, su silencio lo dice todo. Todo lo que había que decir, es decir, nada.

Nada no es la nada. Es la cosa misma, esa res, esa nada de la existencia: la mínima cantidad de esencia, el paso al límite en donde la esencia se desvanece, la sustancia se evapora y alguno, un uno, existe. Rehace, recrea el mundo a su alrededor, a lo largo de su errabundo recorrido y, después, vuelve a cerrar el mundo en el punto en el que su recorrido muere.”

En 2002 se hizo una película documental sobre Derrida, ya se había hecho otra anteriormente. En esta, en la cual Derrida se dejaba filmar, impresiona las primeras palabras del protagonista, mientras la visión de la cámara se mueve por las calles parisienses.

“El futuro es eso que mañana, después, el siglo siguiente será. Hay un futuro que es predecible, programado, previsto, previsible. Pero hay un futuro, el porvenir, que refiere a algo que viene, cuya llegada es totalmente inesperada. Para mí es ese el futuro real. Ese que es puramente imprescindible. Lo Otro que viene con mi imposibilidad de su llegada. Entonces si hay un futuro real más allá de este otro futuro conocido es el porvenir, que viene del Otro. Cuando soy completamente incapaz de prevenir su llegada”

Ya hablan los matemáticos ¿es nuestro universo la sombra de otro? Eso queya el retrato cubista de Valerio Adami nos hace creer ver en Derrida. Creer en un Derrida junto aEdwin A. Abbott montados, ambos sobre un circulo, enPlanilandia atravesando nuestra imaginación o junto con Möbius, el matemático de las proyecciones, tomándoles la palabra a Kant: “Una ciencia de todas estas posibles clases de espacio sería sin duda la empresa más elevada que un entendimiento finito podría acometer en el campo de la geometría…” o, amplio yo, en el campo de cualquier lenguaje. Acaso ese Gran Cristal de Duchamp y los diferentes movimientos dadaístas y surrealistas con sus provocadoras pasiones y sus profundas preocupaciones no son una manera muy personal, como cualquier otra manera, de recorrer las construcciones de una modo más, mucho más, inesperado. Un inesperado que deja, tras de sí, una sombra poética.

Termina Jean-Luc Nancy, en boca del filosofo:

“¿Ha dicho usted aureola? Es incluso la tercera vez que lo dice… ¿está bromeando? — ¿Quién sabe? Pero, si lo prefiere, arco eléctrico o bien aurora boreal. — Estoy dispuesto a aceptar la aureola, pero esa santidad no será visible ni innombrable, ¡créame! No admitirá ninguna hagiografía, ninguna leyenda dorada. —Pero, ¿usted cree que ocurre algo distinto con la verdadera santidad? Esta consiste siempre en evitar todo tipo de reconocimiento y en eso es muy distinta de cualquier heroísmo. Ciertamente, el sabio, el genio y el héroe, en última instancia, no se dejan reconocer y menos todavía por sí mismos: pero por eso la santidad puede atraparlos, pervertirlos, impedir que se conviertan en sabio, genio o héroe”

Y eso son esas fotos que cada vez se dan con más frecuencia en nuestras redes. Fotografías que quieren sacar a relucir ese momento claro, pervirtiendo a las personas que hay dentro, volviéndolas en una especie de cuarta dimensión. En donde el sustantivo luna, en ese universo de Borges, es reemplazado por lunecer. Momentos que quieren llegar hasta nosotros a través de la metáfora agujero de gusano. Momentos que se pervierten cuando nosotros, desconocidos, las miramos.

En el poema de Borges, que lleva por título Adrogué:

Más allá del azar y de la muerte/ duran, y cada cual tiene su historia,/ pero todo esto ocurre en esta suerte/ de cuarta dimensión, que es la memoria”


Francisco José García Carbonell.


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