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El hombre imaginario (el contexto de pensamiento de una nueva masculinidad)

El hombre siente, ante los tiempos que corren, una incertidumbre que rompe con su seguridad. Ve cómo su mundo se va deconstruyendo y cómo esta deconstrucción tiene nombre femenino. Pero la incertidumbre también tiene que ver con la cura. Para Heidegger, había dos modos de referirse al tema del cuidado: por un lado, el que todos conocemos, que es el del «cuidado por los otros», y una siguiente concepción, que es una interpretación mitológica griega, que hace referencia a la Cura, que es la diosa que otorgó el estado de inquietud y preocupación al hombre cuando este fue creado. La preocupación o el desvelo existencial. El hombre que se encuentra consigo mismo ante la finitud de la vida, y a medida que va avanzando ve que le falta el dominio del propio poder sobre su manera de concebir las relaciones. Se trata de escuchar, de tomar conciencia de ese dolor del otro y de producir, lo más importante, un amor, ese mismo tipo de amor del que nos hablaba Tomás de Aquino, que rompa ese bucle que lo tiene aprisionado y, por tanto, impide que él también participe del proceso liberador. Debemos, pues, desapasionarnos de esta virilidad que bloquea esa liberación.




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