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DORAIMON (EL GATO CÓSMICO) Y LA MORAL

Francisco José García Carbonell




Hay un chiste muy gracioso, una familia sentada a la mesa, hace un calorsofocante y el padre pone el ventilador mirando sólo para él. El resto de la familia secuece viva mientras el padre, con total impasivida, disfruta del agradable aire quedespide el aparato. Al cabo este tiene ganas de orinar, se levanta y va a los servicios. Aesto que cuando se marcha uno de los hijos pulsa el ventilador para que este vaya dandovueltas. Cuando vuelve el padre, al ver que le han descolocado el chisme, empieza apegar bufidos. Entonces el hijo, parándolo en seco, le suelta: — pero, padre. No ve quelo único que ha hecho el cacharro es ir en su busca. Se puede utilizar este chiste para dar una introducción a la hora de hacer unacrítica a ese atractivo que ejerce el laberinto, hoy en día muy común, de las nuevastendencias a encontrar en lo exótico de toda una serie de seudociencias que se ofrecencomo una alternativa y una manera de empezar a “pensar de manera diferente”. Elventilador sería ese objeto de uso que pasa a estar vinculado con una perversión. En estecaso el hijo consigue desapropiar el uso indiscriminado del aparato, el usoindiscriminado que da el padre, y transformarlo en algo de uso compartido anulando eldesequilibrio a través de una doble perversión, “— el aparato- quiere decir el hijo- hacambiado de posición, sí, se ha pervertido. Puede parecer que ahora nos esté dando airea todos, pero no. En realidad esto es una ficción, lo real es que el aparato ha ido enbusca de su dueño. No ha sido pervertido para ti”Esta denegación de la realidad con un sí pero no, esto no es lo que parece aunquesí es lo que parece, se podría, por ejemplo, aplicar a muchas de todo eso que ahora sirvepara dar paso alternativo a la medicina. Toda esa clase de pensamiento sobre loespiritual-paranormal que está recubierto de un cargamento de palabras con ciertoaroma técnico, con el objeto de intentar reinventar una dimensión del ser humano queentrega su propia existencia a una serie de imágenes absurdas.Esto es como el gato ese cósmico de la serie de dibujos animados japoneses,casualidad que todo este tipo de pensamiento provenga igual de estos países. Este gatoconvive con un niño inútil y malcriado al que intenta ayudar mediante la satisfacción detodos sus caprichos. Una manera muy sutil de ayudar a alguien. Para ello recurre a unbolsillo mágico de dónde saca un sinfín de cachivaches asombrosos. Lo más asombrosode todo es que a esta serie de objeto él los llama inventos, intenta darles un significadocientífico. Para que la cosa no se quede en lo simple de la magia estos objetos, que en síson absurdos, son pervertidos a una posición, casi sin paralelo, con el conocimientotécnico científico. Esto no es que levante dudas acerca del significado de la verdad,como puede ser el caso de una filosofía de las tecnologías, sino que impacta en lamanera constitutiva dentro de esa verdad confundiendo las creencias sociales. Es comosi a todas esas supersticiones, antaño, de nuestras abuelas le diéramos un doblelenguaje. Un lenguaje técnico científico que no “esconde” pero si esconde unaperversión.

Por otro lado tenemos la otra cara de lo mismo. La sociedad que ha sido elcentro de un esfuerzo de reformarla moralmente, mediante un régimen disciplinariocuyo fin ha sido el de inculcar las sensaciones de arrepentimiento y remordimiento. Unamoral purificadora y caldo de las virtudes tradicionales, una fuerza visible de orden,como la llamaba Foucault, que transforma nuestra conciencia. Y encima de esapirámide, en lo alto de esta, se posicionan una suerte de maestros espirituales, maestrosque son de lo no transgredible, que intentan agotar al mundo resaltando susinfracciones, es lo que Lacan llamaba el goce. Esta gente se puede esconder bien en unfanático religioso que avergüenza a los demás exigiendo cumplir al pie de la letra unasexigencias morales que hasta él mismo no entiende, en el hermetismo de un soldado, deun país cualquiera, que sabe y siente satisfacción cumpliendo, por ejemplo, una ordenque atenta contra un derecho fundamental, la satisfacción de cumplir el deber por eldeber, un “maestro de energía” cuyas palabras esconden, en el fondo, una interminabley repetida exigencia de gratificación, un funcionario que se atiene a la literalidad de laley. Toda esta gente, estos mismos, que desean esculpirnos, sin saber de que estánhechos los materiales y las herramientas que tratan, eso no importa, no buscan elconocimiento. Lo que de veras les importa es, y he aquí lo que ellos buscan, que a travésde esta manera de funcionar siente, gozan, de una superioridad. ¡Ah!, pero esa superioridad se asienta en un vacio. Es como aquel rey del cuentoque creía que iba vestido con las más suntuosas ropas y en realidad estaba desnudo. Lagente de alrededor, por temor a que los tomaran por tontos, también creía que el rey ibavestido con un esplendido traje. Entonces, igual que en el caso anterior, lo que enrealidad desconocían los súbditos es que el rey no llevaba nada debajo de toda esaimaginaria vestimenta. Entonces vivimos encarcelados, volviendo a Foucault, en un “gigantescoencarcelamiento moral” ¿Cómo podemos hacer frente a esto? O sea, a esta perversiónque retrotrae el acto, tomando a Badiou, para transformarlo en este hecho concreto.Parafrasea el filósofo James Miller de Nietzsche en Genealogía de la moral:“las costumbres penales más duras honraban y preservaban, paradójicamente,algunos de los impulsos humanos más eleméntales: ¡Hay tanto de festivo en el castigo!A unos les hace bien contemplar el sufrimiento de otros. Al ser testigo del más cruel delos castigos el espectador debe sentir que el tipo de acciones criminales, como tal, nopueden ser completamente reprensibles, ya que exactamente el mismo tipo de accionesse practica al servicio de la justicia y se lo aprueba con buena conciencia”Una especie de sadomasoquismo inconsciente se expande, entonces, en lasmentes de las personas que se erigen en maestros de la moral. Gozar de la culpabilidadde los demás mientras ellos esconde, en lo más profundo de sus ser, la más oscura de lasperversiones. La única manera de luchar contra esto es a través de la doble perversión.Pervertir lo pervertido. Censurando al maestro ante todos desde el propio sistema, destacar el error, sin que el maestro se sienta censurado. Dar al botón del ventilador paraque de aire a todos, haciendo creer al padre que el chisme no ha sido alterado. Endefinitiva interpretan la ley reinterpretada.

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