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Deseo de ser anónimo


Óscar Sánchez Vadillo



El objetivo del poder es el poder.

George Orwell, Animal farm




Decía Séneca que todo parece peor y asusta más cuando lo anticipamos con la imaginación que cuando realmente sucede, y la mayor parte de las veces tenía razón. No obstante, los indicios de que los tiempos están cambiando vertiginosamente para mal -lo que dijo aquel: no es que sea una época de cambios, es que es un cambio de época...- se multiplican a diario, aunque sólo fuere por el insaciable apetito de sus protagonistas por estar en boca y en los nervios estremecidos de todos. Así, lo único que diferencia a Trump del Gran Hermano de Orwell es que el Gran Hermano te observaba a ti (is watching you), mientras que el deseo más poderoso que abriga Trump es el que sea el mundo entero el que le observe a él, en primer plano y en tiempo real. Entre eso, es decir, entre que cuando los degenerados dominen la Tierra únicamente ellos serán visibles, metiéndonos miedo y dándose la razón a todas horas, y que lo mejor va a ser pasar desapercibido, como en la mili, ante viles autoridades de todo tipo, vivir en el más completo anonimato parece que va a ser, por desgracia, la opción más cobarde pero también la más cabal. Porque esos fantasmones y fantasmonas que van a mandar en el futuro no tienen ningún interés en transformar nuestras instituciones y nuestras costumbres para nuestro bien, bien sea de nuestras condiciones de existencia o bien sea de nuestras almas mortales. No: lo que quieren es generar un mundo repleto de losers donde ellos, cuatro gatos acomplejados y psicópatas, sean los únicos winners. O dicho con otras palabras: su propósito es comportarse en todo el planeta como Julio Iglesias en sus cortijos del Caribe, así de simple, así de estúpido...

La resistencia va a ser escasa y me temo que episódica e inoperativa. Primero porque al inicio un neopatriotismo y la sensación de novedad que sentirán las juventudes trumpianas producirá el espejismo de un renovado amanecer, y de ahí, también, la resurrección intempestiva de la piedad religiosa. Segundo porque ese tópico que señala que las nuevas generaciones son siempre idealistas, rebeldes y contestatarias uno se empieza a temer que se generó en la Contracultura de los años sesenta, pero que no es más un mito, un mito que sedujo también a Arendt. Y, tercero, porque, como he leído en una marquesina esta mañana anunciando una película de terror, “el miedo es la nueva fe” -Nick Land, teórico de la Ilustración Oscura, es también escritor de terror, y nada puede robar al sagrado móvil la atención de un adolescente tanto como calzado caro, bro, y una película de terror.

Las redes sociales han entregado el control del mundo a la ultraderecha, pero tampoco vayamos a culpar al mensajero. Lo que han revelado las redes es que, bajo el capitalismo, concebir algo así como una democracia directa no pasaría de ser una zafiocracia, y que las masas tomadas como tales prefieren La casa de los gemelos a ilusionarse con la Agenda 2030. Lathe biosas, dijo Epicuro, “vive ocultamente”. Aquella penosa renuncia, aquel vivir a la defensiva1, le va a empezar a parecer a mucha gente una buena idea, y es una lástima, porque, a diferencia de cómo pensaba Ortega y Gasset, es nuestra vida la que ocurre en el mundo, y no el mundo el que acontece en nuestra vida...


1 Que, curiosamente, ahora recupera Byung-Chul Han, en un espíritu que se quiere también pascaliano, pero que más bien se manifiesta como una propuesta IKEA...

 
 
 

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