top of page
Buscar

Comentario a la Summa Theologica, Tomás de Aquino, Artículo 2


En este fragmento, Santo Tomás recoge sin ambages la concepción aristotélica del bien como un fin natural -telos, en griego- del ser humano, con el objeto de hacer de ella el fundamento de la Ley Natural. Lo que es bueno, en efecto, inclina naturalmente (es decir, sin coacción externa, por un movimiento nacido de la esencia interna misma de su ser) la voluntad del hombre, de igual modo que lo que se descubre como “malo” es rechazado inmediatamente por esa voluntad en cuanto es descubierto como tal. Semejante descubrimiento tiene lugar en la razón, y sucede de modo inevitable siempre que la luz natural del entendimiento humano no esté entorpecida por las pasiones o los malos hábitos del hombre o de la colectividad particulares. En este último punto, el Aquinate (que es expresión habitual para referirse al santo), sin embargo, sigue más al neoplatonismo medieval que al propio Aristóteles tal y como lo conocemos hoy1, pues Santo Tomás entiende la relación del bien con la razón como una evidencia directa, de un modo que nos recuerda inmediatamente el denominado “intelectualismo moral” de Sócrates y Platón2. En cambio, los escritos éticos de Aristóteles establecían más bien una relación entre el bien concebido como un fin y la facultad intelectiva humana en términos de “prudencia” -sofrosyne, en griego: también traducido por “sensatez”- y cálculo racional del “término medio”. Así, para Aristóteles no había “evidencia racional” alguna de un bien común e igual a todos los hombres, como afirma el santo, sino, más bien, una pluralidad de bienes concretos determinados en cada ocasión por el carácter y la racionalidad del agente moral. La causa de la discrepancia de Santo Tomás con el Filósofo (que es, a su vez, la expresión habitual para referirse a Aristóteles) debe hallarse, como hemos dicho, en la gran influencia sobre el primero de la tradición neoplatónica, tanto en su vertiente agustinista como en la traducción árabe del Estagirita (otro sobrenombre medieval del Filósofo). En cualquier caso, el concepto que Tomás quiere recalcar en el texto es el de que la idea del bien es evidente y universal para todos los hombres, y que ésta se corresponde -“es correlativa” dice el texto- al despliegue de la Ley Natural tal y como emana de la Ley Eterna divina.

Según Santo Tomás, esta Ley Natural, fuente de todo Derecho, siendo una y la misma para todos, se subdivide en tres grandes preceptos que toda legislación positiva debe reflejar, y que son:

-El precepto de autoconservación, según el cual todo ser viviente siente como un bien su existencia y tiende a preservarla. Ese sentimiento y esa tendencia constituyen, por tanto, una obligación irrecusable y sin excepciones que el hombre comparte con todo el reino natural. (Nada, pues, de masoquismos, sentimientos autodestructivos o, en último término, de suicidio…)

-El precepto de procreación y cuidado de los vástagos, según el cual todo animal siente como un bien reproducirse y velar por su descendencia. Ese sentimiento constituye, también, una obligación irrecusable y sin excepciones que el hombre comparte con todo el reino animal. (Nada, pues, de coito sin fruto o de repudiar al hijo rebelde, aunque el santo no especifica en este último caso qué tipo de educación o tareas se le deben imponer, siempre que sean, claro, muy cristianas).

-El precepto de la búsqueda de la verdad y la justicia, según el cual todo hombre entiende como un bien el mantenimiento del orden social dentro de los parámetros de fidelidad a la Iglesia y la obediencia a las leyes justas. Esta comprensión constituye, asimismo, una obligación irrecusable y sin excepciones que el hombre sólo comparte con el hombre mismo, es decir, que es puramente humana. (Nada, pues, de pensamientos heréticos ni conductas anti-sociales, aunque el santo no especifica qué debemos hacer en el caso de habitar en una sociedad claramente injusta).



1 Los estudios sobre Aristóteles para recuperar en él al filósofo pagano que fue, y no al supersabio omnisciente en que le convirtieron las tradiciones cristiana y musulmana medievales (que son las que conoce Santo Tomás), han avanzado considerablemente en el s. XX. Puede parecer que la cosa importa poco en la era de la informática, pero el caso es que Aristóteles ha sido el autor más leído, comentado, interpretado, citado y usado como herramienta dogmática de toda nuestra historia entera -después, tal vez, y salvando las diferencias, de los cuatro evangelistas.

2 La idea de que la virtud es conocimiento, y sólo puede obrar mal el ignorante. Aristóteles no comparte esto.

 
 
 
bottom of page