Cervantes in Love…
- filosofialacalle
- 20 sept
- 3 Min. de lectura

Óscar Sánchez Vadillo
La última de Alejandro Amenábar (“/Amenábar/ moro de la morería”, nunca mejor dicho), es seguramente la peor de las suyas, siendo siempre alto el nivel, pero no es por eso por lo que hablamos tanto de ella y vamos al cine a verla. Vamos a verla por lo que yo considero un debate capcioso y trucado, puesto que la pregunta no es si nuestro querido Miguel de Cervantes fue o no fue homosexual, si no si todo varón, de una inclinación u otra, no termina por buscar amorcito del tipo que fuere en cuanto le aíslas con otros varones durante un tiempo prolongado. Y sin duda así es, aunque el lector se sienta ahora afrentado en su fibra más íntima. Los machos más machos de la historia de Occidente, los espartanos, vivían, dormían y comían juntos acuartelados en el mismo barracón y allí se formaban parejas muy sólidas, como ocurría también entre los miembros de las falanges tebanas, muy temidas a la sazón1. Lo mismo sucede, como se sabe, en las cárceles, tanto masculinas como femeninas. Dani el Rojo, por ejemplo, que es un tipo cuyo tamaño e historial de fechorías da realmente miedo, lo reconoce siempre que muestra un presidio ya cerrado, como la Modelo de Barcelona (https://www.youtube.com/watch?v=ClZscjw16_0&t=71s): “yo no soy homosexual, pero en la cárcel los presos tenemos sexo entre nosotros”. No debe mover a risa esta afirmación, porque es cierta: una cosa es que te atraigan más las mujeres que los hombres, y otra que no sucumbas a la tentación de un cuerpo ajeno semejante al tuyo a falta de mejor cosa.
En las largas travesías de los barcos veleros de guerra de los tiempos de Napoleón había una gran comprensión, y mucha vista gorda, hacia los “sodomitas”, como se narra en las novelas de Patrick O´Brian. Así mismo, en las seductoras noches del estado Vaticano la Guardia Suiza Pontificia, esa cuyos vivos colores diseñó Miguel Ángel Buonarotti, y cuyos soldados han de ser forzosamente solteros, se distrae en entretenimientos eróticos hasta altas horas de la mañana, cuando la cosa no termina abiertamente en orgía. Fernando Fernán Gómez, por su parte, solía decir que la transición a la democracia en España había extendido entre toda la población las costumbres privativas de los cómicos en tiempos del régimen, pues en las compañías de actores existía una relajación y una variedad en las prácticas sexuales que era inaudita fuera de la profesión. En fin, que no se trata aquí de si Cervantes, el tótem histórico más potente y universal de lo que hoy se llama “marca España”, era o no era gay. Tú encierra a alguien tan mujeriego como José Coronado en el patio de la cárcel de Argel durante cinco años y ya me dirás qué pasa o deja de pasar si el Bajá le mira con ojos hechiceros -y estos son muy hechiceros...- y pone a su disposición su hamman privado. Es como lo que dijo, en célebre ocasión, la gran Lola Flores cuando le preguntaron si había catado alguna vez los placeres de Safo, y respondió: “¿Quién no se ha dado un pipazo con una buena amiga?”. De manera que no hay ofensa alguna al honor patrio, lo que hay es condición humana básica y elemental. De hecho, hace siglos que se sospecha que William Shakespeare también tuvo amantes masculinos, a la luz de la dedicatoria de los sonetos de amor, y hay que recordar que Shakespeare era también actor (por cierto, en esta película el actor protagonista guarda un enorme parecido con Joseph Fiennes, de Shakespeare in Love, yo creo que buscado). ¿¿Y qué??
En El cautivo pasan casi dos horas antes de que Cervantes salga del armario, de modo que ese no puede ser el eje de la película. Por otro lado, el secreto mejor guardado de la historia de España tampoco fue nunca tal, porque ya hace años escuché a una compañera de Lengua y Literatura que en Argel al manco de Lepanto -cito textualmente, no es expresión mía- “le habían puesto el culo como un bebedero de patos”. No seamos catetos, por favor. A mí la película no me ha gustado gran cosa porque como Amenábar, moro de la morería, sabía que iba a ser un taquillazo, nos la ha dado masticadita y todo muy bien explicado para que no nos perdamos por el camino. Y por otro motivo más: cuando Cervantes, casi al final de la historia, cree que de esta no sale, digamos que como que reniega del cristianismo y se abraza a un cierto paganismo aprendido del Bajá. Eso sí, y no el rollito gay, me parece anacrónico e inverosímil. No obstante, es una cinta valiente y de buena factura...





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