Al filo de la «Filo»
- filosofialacalle
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Óscar Sánchez Vadillo
Ignoro cómo será en otros países (sobre todo en Alemania, hasta donde yo sé, la única nación donde se toman completamente en serio la filosofía, tanto en la academia como en el debate público1), pero en España nunca se ha dictado Filosofía en la Enseñanza Media, ni en la dictadura ni ahora. Eso que hacemos los profesores en las aulas de bachillerato es «Filo», como lo llaman (¿cariñosamente?) nuestros alumnos y, sorprendentemente, nuestros compañeros de otras especialidades, que ni saben lo que es la filosofía y la encasillan entre las disciplinas «bonitas», como la jardinería o la caligrafía. Desde luego, esa «Filo» está a un océano de tiempo —como decía el Drácula de Coppola— de tener más relación que la nominal con el álgebra eidética de Platón o con el rigor y la solidez de la estructura portante del pensamiento de Kant.
«Filo» es, en efecto, una asignatura —o dos, si se quiere— en la que, el primer día, el profesor enuncia, de modo inexplicado y dogmático, que Platón partió el mundo en dos: sensible e inteligible. Puesto que, a continuación, no dedica las tres clases siguientes a explicar mucho en qué consiste una idea platónica (eîdos, eídē), ya ha perdido la partida antes de siquiera empezarla. Todo lo que venga después ha quedado ya sumido en el absurdo y la arbitrariedad, y los chavales tienen toda la razón al señalar, curso tras curso, año tras año, que la filosofía es una fumada, y que a esos grandes genios del pasado les sobraba el tiempo y se aburrían como Javier Ortega Smith en un banco de alimentos de Navidad.
Los profesores no siempre tienen culpa de esta situación. Muchos de ellos imparten, con buena fe, clase de Filosofía (de la de verdad), pero tanto el entorno cultural del alumnado (ese menú-basura de tiktokeces, «zapas caras» y videoconsolas) como la forma en que el Ministerio de Educación ha enfocado la materia (poniéndola en manos de un funcionario que, sin dudas, la odia) hacen imposible que a los adolescentes les llegue a los oídos nada que no sea pura y dura «Filo».
Para la «Filo», lo que Kant hizo no fue ejecutar el «giro copernicano» de la filosofía —que fue una proeza sin parangón—, sino señalar que toda percepción está mediada por conceptos y, por tanto, Kant resulta que es (¡oh, escándalo!) el primer relativista moderno. Adiós para siempre a la segunda parte del curso de Historia de la Filosofía de segundo de bachillerato.
Como, además, los estudiantes de segundo tienen muchas asignaturas, todas desmedidamente exigentes, y viven aterrorizados por la prueba de la EVAU, la «Filo» no es para ellos más que un cuerpo extraño en el currículum que está ahí para incordiar porque no sirve para nada. Los docentes son, cuanto poco, exóticos, y quitan tiempo de empollar lo importante.
Sin embargo, en 4.º de la ESO o primero de bachillerato es aún peor. Tanto la programación como los libros de texto los han compuesto escribas, con perdón de los profesionales en la materia. La gran cantidad de asuntos verdaderamente actuales y fascinantes que se podrían presentar a los chicos en ese curso se sustituye por una macedonia de frutas positivista, completamente insípida. Ahí entra de todo, todo mal, todo viejo y, lo que es peor, casi siempre, todo mentira. No son más que clasificaciones inexistentes en la literatura filosófica original (¿dónde dice Hume «yo soy un empirista»?) para uso de yertos apuntes de clase.
En fin, todos y todas estamos de acuerdo en que hay que educar en el «pensamiento crítico» y tal, pese a que la filosofía es mucho más que eso. Sin embargo, puedo asegurar que esa sagrada misión no tiene lugar en «Filo», como no lo tenía en el franquismo, cuando solo se enseñaba a Tomás de Aquino. A no ser, claro, que un profesor, por su cuenta y riesgo, haga uso de su libertad de cátedra; esto, primero, no debiera hacerlo de ningún modo en segundo de bachillerato y, segundo, si lo intenta en primero, pronto le harán saber que esa libertad es tan libertad como la que pregona Javier Milei.
Notas
Excelente, al respecto, el recién publicado El filósofo, Jürgen Habermas y nosotros, en Trotta. ↩︎




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