Atajos filosóficos (501-513)
- filosofialacalle
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Óscar Sánchez Vadillo
501- En las llamadas “películas de acción” la muerte final de los villanos ha de ser completamente espeluznante y truculenta (incluso la de Alan Rickmann en Die Hard, en la que no hay sangre, pero el rostro horrorizado por la caída al vacío del actor simbolizaba no muy disimuladamente la caída de Satán al Infierno de John Milton). Recuérdese a Belloq en En busca del arca perdida, o a Chris Pine en D’ont worry, Darling. El cine de Hollywood como “metafísica del verdugo”…
502- Mi amigo Pablo me soltó, como un mantra, la siguiente frase, a la que la cursilería hace elevarse hacia el cielo, pero que estalla de puro cariño al final, como unos fuegos de artificio del amor: “A los hijos hay que darles raíces para crecer, alas para volar y motivos para volver”.
503- No tanto la petite mort de los franceses, más bien el orgasmo es la culminación de la dulce agonía del coito…
504- Así se formula exactamente el Ideal del Deber: “Tú ocúpate de hacer bien tu parte, que Dios ya se ocupará de su perfecto encaje en el Todo.”
505- Es así de asombroso, pero cuando nos tocamos nuestro propio cabello es porque de verdad e inconscientemente creemos que estamos terraformando con ese solo gesto la belleza del cuerpo entero que nos ha caído en gracia.
506- Todo espectáculo de “humor inteligente” o “conversación inteligente” actual, con entrada o gratuito, enrollado o adusto, cómico o patético, se sintetiza en “¿¿¿¿de verdad que no lo ves???? ¡¡¡todos estáis locos menos yo!!! ¡¡¡dame por favor la razón ahora mismo!!!”
507- Únicamente los que tenemos un chollo vital y laboral nos pasamos el día lloriqueando.
508- Tal vez no exista más ética real, y al alcance de todos, que la del personaje de Roberto Begnini en La vita é bella...
509- ¿Por qué todos los socialismos “realmente existentes” han cedido finalmente a formas parciales de mercado? ¿Es por el clientelismo inherente a los amiguitos del Partido Único?
510- Otro de los males que el patriarcalismo ha infligido sobre las mujeres es ese prejuicio, claramente inducido por el apetito sexual, de que la belleza de las bellas coimplica también su pureza, de tal manera que -y esta es una de las inferencias más locas y erradas de la historia de la humanidad- las atractivas han de ser por fuerza moralmente mejores que las menos afortunadas.
511- Claro, tatuarse hoy nada tiene que ver con pertenencias a este u otro clan o tribu, aunque todavía resista algo de eso en ello. Tiene que ver más, me parece, con que muestres a los ojos de todos que esperas que tu vida sea, ¡ojalá!, significativa (y las de aquellos a los que aluden tus inscripciones también).
512- Lo que le encantaba a Andrés Calamaro, y a tantos otros, de imitar al gran Bob Dylan, no era tanto hacerse admirar de las chicas en sí como ser capaz de lanzarles una red de poesía desde los labios que consiguiera que siguieran recordándole como el mejor cuando él ya las hubiera dejado. La poesía como telaraña gracias a la cual uno termina por enamorarse de uno mismo, ya que, después de todo, ellas tan sólo fueron, son y serán público entregado.
513- (Autoayuda) Si las tortugas gigantes pueden, tú también.




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