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Ya no va a Habermas...



Óscar Sánchez Vadillo



Quizá este tan complejo presente requiere que, en lugar de los antiguos intelectuales, haya investigadores que sean además intelectuales; estoy pensando por ejemplo en Habermas.

Karl Markus Michels



Debo el ingenioso título a mi amigo Sergio Catá, pero la noticia es todo menos divertida. Jürgen Habermas ha muerto, y no es de extrañar, porque su pensamiento ya no tenía lugar en este horrible futuro diseñado por Steve Bannon, Nick Land y otros. Habermas era el último Kant, que mi hijo se tiene que estudiar hoy para el Segundo de Bachillerato, pero sin saber que Kant suponía el Triunfo de la Razón, y Trump, en cambio, la Ley de la Selva. Así que, ojalá que no, pero parece que no va a Haber-mas de eso que los periódicos llaman “un mundo con reglas”. Porque tales reglas eran las de la densa Teoría de la acción comunicativa de Jürgen Habermasm que presuponía los Declaración Universal de los Derechos Humanos, o no eran prácticamente nada. Es cierto que gente como mi amigo Iván Ballesteros Burgo está tratando hoy de habilitar reglas nuevas, basadas en “pragmáticas sucias” como la de Quintín Racionero1, pero difícilmente van a llegar a la popularidad internacional que tuvo Habermas, el fruto más maduro de la Escuela de Fráncfort. Habermas, en rigor, era el Anti-Trump, la Némesis de este Nuevo Orden Mundial regido no por leyes, sino por capullos integrales. Habermas vivía en una casa blanca, como la de Trump, pero funcionalista, no despótica. Alguien me contó que en los ochenta Felipe González le dio la palabra en el parlamento español y a cambio le pagaron un millón de pesetas. Fue muy merecido, a mi juicio, ya que lo que traía a España era la consagración de la socialdemocracia….

Hay que llorar la muerte de Habermas. Con él muere una religión, la religión de la fe en la racionalidad humana2. Y una cierta globalización, aquella que no consistía en que Israel se hace sitio matando, como en el Lebensraum nazi. Él mismo, no hace mucho, ya vio por donde soplaban los vientos, como cuenta Philipp Felchs en su reciente El filósofo, Habermas y nosotros:


Mientras yo sigo queriendo saber qué le recomendaría ahora, en otoño de 2023, al canciller federal, Habermas describe el siniestro escenario del declive de Occidente, que para él es inseparable de la decadencia de las instituciones políticas en EE.UU. (pág. 190, Trotta)


Y cuando se le preguntó por su viejo anhelo de una constitución cosmopolita, como la que hace poco propuso Luigi Ferrajoli -también en Trotta-, o por el porvenir de la influencia de Europa en el mundo, de modo apesadumbrado expresó que “todo eso pertenece ya al pasado… En una ocasión Habermas escribió, en carta a Hans Magnus Enzensberger, el gran ensayista, que “era una persona lamentablemente seria”. Echaremos de menos esa seriedad, en los tiempos que en que el presunto líder del Mundo Libre lleva gorra de béisbol y llama “piggy” a una periodista. Estamos tocando fondo en el nihilismo, señores, esa es la triste verdad. Habermas siempre lo intuyó, pero no supo teorizarlo, en mi opinión. Tenía cierto defecto en el paladar que le impedía hablar bien. Pero al menos hablaba como un auténtico Hombre, en vez de amenazar como un perfecto orangután…



Prometeo, J. W. Goethe


Cubre tu cielo, Zeus,

con un velo de nubes,

y juega, cual muchacho

que descabeza cardos,

con encinas y montañas;

pero mi tierra

deja en paz

y mi cabaña,

que tú no has hecho,

y mi hogar,

por cuyo fuego

me envidias.


¡No conozco nada más miserable bajo el sol

que vosotros, dioses!

Pobremente sustentáis con sacrificios

y aliento de oraciones

vuestra majestad,

y moriríais

si pordioseros y niños

no enloqueciesen de esperanza.


¡Y, cuando era niño,

no sabía por qué volvía

al sol la mirada extraviada!

¡Como si en lo alto alguien hubiera

que oyese mi lamento,

o un corazón que, como el mío,

se apiadase del oprimido!


¿Quién me ayudó

contra la furia de los titanes?

¿Quién me salvó de la muerte

y de la esclavitud?

¿Acaso no lo hiciste tú todo,

sagrado y ardiente corazón?

¿Y te consumiste, joven y bueno,

engañado, esperando algo

del que duerme allá arriba?

¿Que te venere? ¿Para qué?

¿Has mitigado el dolor del ofendido?

¿Has enjugado el llanto del sumido en la angustia?

¿Acaso no me hicieron hombre

el tiempo omnipotente

y el eterno destino,

mis señores y los tuyos?

¿Creíste tal vez

que odiar debía la vida

y huir al desierto

porque no todos los sueños maduraron?


Aquí estoy y me afianzo;

formo hombres

según mi idea;

un linaje semejante a mí,

que sufra, llore,

goce y se alegre,

¡y que no te respete,

como yo!


 
 
 

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