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Seguimos con los atajos filosóficos



Óscar Sánchez Vadillo


155- (Fútbol y política) Desde tiempos inmemoriales cada uno es de su equipo de corazón y siente los colores hasta la médula porque ya su padre defendía la camiseta sin más razón que haber nacido en determinado (siempre infeliz..) terruño o tener ojeriza a los qué-se-habrán-creído del pueblo de al lado. El fútbol es una continuación de la política por otros medios, contribuyendo a reforzarla. Hay bipartidismo por lo mismo, puesto que yo soy de esos de toda la vida, y los demás otra clase de gente, ya está. Así tenemos un clásico cada cuatro años, que sabe a poco, cierto, pero mientras se bromea con el compañero de oficina y las declaraciones ante micrófono se suceden acerca del estado de la liga política. El sedicente pluralismo se reduce a eso: es bueno que haya muchos partidos para que yo me afirme en el mío manque pierda. Idéntico espíritu de facción grita en las gradas y vota en las urnas. En uno y otro caso el publicista apenas tiene nada que hacer y todavía menos el que analiza la situación sin pasiones. Quizá los fichajes puedan alterar la balanza ligeramente hacia una parte u otra, pero eso tendrán que demostrarlo en el terreno de juego unos poquísimos años de su vida profesional. Total, el resultado de cada temporada es únicamente simbólico para la mayoría, y sólo cambia realmente el reparto de ganancias entre los directivos...






156- Florence Foster Jenkins, bautizada por la crítica como "la peor cantante de la historia", era bastante optimista. Creía estar a la altura de las grandes divas de su tiempo, aunque era el dineral que había heredado el que le abría las puertas de auditorios de prestigio, como el Carnegie Hall, y no su talento. Cuando el público lloraba de la risa al escuchar cómo desafinaba, ella argüía que siempre había habido envidiosos. Ante la avalancha de artículos que la ponían verde, Florence se defendía diciendo: La gente puede decir que no sé cantar, pero nadie podrá decir nunca que no canté.

Olé.






157- Tanta tontuna con aprender lenguas... Sir Richard Francis Burton sabía ventitantas primero porque ya serían menos, y luego porque le iba el pellejo en ello. Media vida tratando de dominar el propio idioma para que además tengamos que buscar sitio a otro. En una ocasión preguntaron a Umberto Eco cuál había sido, después de todo, la lengua de Europa. Eruditamente, pero también con gran perspicacia, respondió “la traducción”. Voy a saber yo más que el traductor, si no he estado allí. Mi tarea es que me aproveche lo que aprendo, no revisar el trabajo de profesionales. ¿Porque malgastar mi valioso tiempo esforzándome con el inglés, si el británico o el americano o el australiano adelantan en lo suyo sin chanar ni palabra de castellano? Me diréis que con estas nunca hablaré en businessih, ni maldita la falta que me hace. O que no ayudaré a mis hijos a prosperar en la vida, pérfido chantaje.

Pronto los colegios serán todos bilingües por dos motivos: uno, porque así lo quieren los endeudados EE.UU.; dos, porque así segregamos a los aplicados de la chusma. Estupendo panorama. Sobre todo para el que aprecia, por ejemplo, las dulzuras tristes del portugués o los melismas solares del italiano. Pero lo más estúpido de todo es la frase hecha: “aprender idiomas te enriquece interiormente, a la par que te comunica exteriormente...” Usemos las metáforas correctamente. Botín se enriqueció desmesuradamente sin acertar a decir “good morning” con credibilidad, y Chiquito de la Calzada se comunicaba mejor que nadie sin decir nada remotamente sensato. Personalmente, no tendría nada en contra de la implantación de una lengua universal, lo que ocurre es que su universalidad iba a durar cinco minutos. O sea, al contrario de lo que piensan -es un decir...- los nacionalistas: no se pierden las connotaciones de ninguna lengua por sustituirla por otra común, lo que pasa es más bien que la común pronto se diluye en connotaciones locales. En resumidas cuentas, que si hay que hacerlo se hace, pero hacerlo por presumir...






158- (El tabaco no es ningún vicio) Ojalá lo fuera. Pero no llega a tanto, raras veces la nicotina produce un goce irresistible. Más bien lo que produce ofuscación es su falta, que es distinto. De modo que basta de calificar a los infelices fumadores de viciosos, que sólo lo son en cuanto nocivos para sí mismos. Los políticos de derechas lo saben, y por eso serían capaces de derogar tranquilamente la ley que prohibe ahumar los locales públicos. Total, esos humanos tubos de escape suavizan sus ansiedades y pagan impuestos. Unos benditos desde el punto de vista político y moral. Unos gilipollas desde el punto de vista sanitario y comercial. El ínclito Escohotado contaba que en el siglo XIX el café fue prohibido en Rusia, y la gente se escondía en sótanos clandestinos a apurarse la tacita. Se cogían unos melocotones fenomenales, por lo visto: lo que es la sugestión. El fumador, en comparación, es un muerto ya antes de la planta de oncología. La prohibición total le vendría de lujo para alcanzar el rango de verdadero vicio. Mientras, para vicio, la lectura, y para virtud, caminar…


No obstante, hay algo que clama al cielo exigiendo una reparación. La adicción nos fue impuesta en nombre de valores abstractos (la virilidad, por ejemplo, también para las mujeres) que se disipan antes que el humo, y durante generaciones hemos padecido y muerto por ellos. Ahora que la cultura ha sido intervenida por otros agentes, se nos dice que nos lo creímos porque quisimos, pero lo cierto es que no nos hacía maldita la falta. Estoy esperando esas putas disculpas…







159- (Tópico de Cáncer) Hasta que cien José Carreras convenzan a mil banqueros de la notoriedad conseguible caso de invertir dinero en investigación, la maldita enfermedad del milennium -las más oculta, las más anómala, la más nanotecnológica- constituirá el mejor ejemplo empírico del Ereignis heideggeriano pero en plan chungo. O sea: sucede, acontece, se da en tu amotinado cuerpo, y el especialista así te lo anuncia, filosóficamente: te tocó, macho, se siente. Que lo mismo son los antecedentes genéticos, que lo mismo el tabaco, que la contaminación, la alimentación, quién coño sabe...; lo cierto es que ocurrió, ocurre: libras una guerra civil, apechuga que no hay otra. El tumor es tumor ohne warum. Con estas, los parientes y amigos se te marchitan, otros se van, y tú mismo terminas consultando la cuenta atrás no desde la ancianidad, sino desde el puro y puñetero azar. ¿Quiénes somos, de dónde venimos, a dónde vamos, será de páncreas o de pulmón? El nuevo existencialismo se escribe con radiación en la unidad de cuidados intensivos, y sus autores no precisan de una formación específica -aunque sí de un buen agente literario si salen de esa. Curas posibles se han ingeniado, pero tal y como están las cosas las disfrutarán nuestros nietos, si las disfrutan. En fin, que tócate narices con este gran regulador demográfico de las sociedades anteriormente ricas... (pero mucho cuidado si te notas un bulto: no te has tragado una canica).






160- (Persistencia de El Gran Inquisidor) De sobra conocida es la fábula de Iván Karamázov narrada por Dostoiévski: si Jesucristo en persona volviera a la Tierra, la autoridad religiosa se encargaría de echarle. Hoy tengo la misma sensación respecto a los mini-jobs esos que nos venden ahora. Si se descubriese al fin una forma de energía inagotable, limpia y barata como lo es la fusión que actualmente se investiga, todos pensamos que alguien se encargaría de suprimirla y silenciarla. Pero es peor: se hallaría la manera de que estuviésemos aún más ocupados en algo ajeno y estúpido ¿Es la historia irracional o sólo sus ocultos autores? Cuando se inició el maquinismo, que iba a acabar con la miseria en el mundo, los luditas se vieron forzados a destrozar los engendros mecánicos para recuperar su trabajo. Su avance es siempre nuestro retroceso. Hablar, por ejemplo, del “derecho al trabajo” es un sarcasmo inhumano tal que debiera abrirse el suelo para tragarse al que lo menciona, conduciéndole en picado al Reino del Inframundo del que de facto lo niega. Ya sólo nos educan para currar o hacer el mongolo, y van y nos reducen la primera posibilidad en beneficio de la segunda. Desea trabajar, puesto que no puedes. No mires con compasión al Tercer Mundo, vaya a ser que pases a formar parte de él mañana. Vive como un fraile mendicante, rézale a la tele y el móvil. En verdad, en verdad te digo que me cago en todos sus vivos...


161- (Existencialismo y materialismo) Acerca del existencialismo tengo desde hace años un duro prejuicio que no me he encargado de remover. En cualquier caso, no creo que nada griego tenga que ver con eso, dado que es una corriente netamente espiritualista, una suerte de herejía cristiana donde Dios figura como el padre borracho y maltratador del cual el existencialista prefiere renegar. Resulta así una suerte de huérfano voluntario que ya no busca una identidad, como el reverso de un niño de Dickens, haciendo de su desarraigo una aristocracia. Y la relación con el materialismo es aún más polémica: Sartre es el gurú que más ha hecho por aniquilar el animismo sagrado de los objetos, de modo que para él todo lo que no sea drama interior está muerto, es tonto y opaco a toda esencia específica. Desde este punto de vista, nadie tan manifiestamente materialista. Pero es que el materialismo nunca ha sido eso tan terrorífico -las cosas como sepulcro…-, sino, como digo, o bien hilozoismo en Grecia (todo tiene vida), o bien posibilidad latente de un uso humano en la modernidad. Prueba de lo segundo la ofrece la contestación de un marxista a el famoso opúsculo/conferencia El existencialismo es un humanismo. Le da sopas con honda al pobre Jean-Paul. Prueba de lo primero es que ni siquiera para el más radical atomista griego hay una desconexión entre piedrecitas inertes y el fenómeno generalizado de la vida. La última se explica por las primeras, a las que hay que imaginar pulsantes, vibrantes, cualitativas, cohesionadas, entretejidas como un mosaico multicolor, y no al modo del atomismo newtoniano -quizá por eso no formularon el principio de inercia, o sea, de lo inerte. Lo visible móvil se urde en lo invisible eternamente inquieto, eso es todo. Pero no es poco: aquí la Biología no es enemiga de la Física, y, si me explico bien, para un Epicuro no hay ningún misterio en el hecho de que haya vida en un universo muerto, como ocurre en la ciencia actual.

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