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POR DEBAJO del Bien y del Mal


Óscar Sánchez Vadillo


The heart is a bloom / Shoots up through the stony ground.

Beautiful day, U2



Whatever you are, be a good one.

Abraham Lincoln



En numerosas entrevistas (también, si no recuerdo mal, en La silla de Fernando, con David Trueba) Fernando Fernán Gómez solía confesar que él se consideraba maniqueo, pese a que era plenamente consciente de que creer que el sentido de la existencia consiste en una perpetua lucha del Bien contra el Mal era ingenuo, simplista y poco elaborado, por decirlo así. Pues bien, a mí últimamente me acontece la misma intuición, completamente imposible no ya de demostrar (nada se puede demostrar más que parcialmente, y a menudo su opuesto también1), sino siquiera de argumentar. El maniqueísmo es una doctrina de origen persa -la vida de Mani está muy bien narrada por Amin Maalouf en Los jardines de luz-, y sin embargo ya había algo de ella en la filosofía griega (Pitágoras, Empédocles, el propio Platón...) y en el gnosticismo cristiano que estudió Hans Jonas. Luego, se ha empleado a fondo en los cuentos infantiles -la mayoría de los clásicos, por cierto, en apariencia tan inocentes, provienen del Renacimiento y conservan la dolorosa memoria de las hambrunas y las guerras de la Baja Edad Media-, y más o menos embozadamente en el noventa por ciento de la historia del cine, no digamos ya en las sagas de El señor de los anillos o Star Wars. Así, el maniqueísmo ha sido en Occidente tratado como eso mismo, como una filosofía infantil, ya desde tiempos de San Agustín -el tópico, ya se sabe, de que los muchos matices de gris entre el blanco y el negro, gris mediocridad. Sus mayores detractores fueron los estoicos, que entendieron que “Bien” y “Mal” tomados en absoluto no son más que proyecciones del resentimiento o de la impotencia humanas, de donde lo tomaron tal cual Spinoza y Nietzsche. Personalmente, convengo en que no hay Bien y Mal como tales en la naturaleza, pero ya no lo tengo tan claro en lo que toca a lo que llaman “condición humana” -por Arendt lo digo, no por Malraux. Sócrates sostuvo que es mejor soportar la injusticia que cometerla, y con ello inspiró a Thoreau, Gandhi y muchos más. ¿Tiene esto algo de cierto, o de nuevo es una puerilidad propia de débiles, enfermos y cobardes que fingen poner la otra mejilla, como defendería con energía Nietzsche?

Yo creo que Nietzsche se equivocaba. Si, como él insistía, hay que “transvalorar todos los valores”, nada más indicado para enarbolar esa bandera que la ética caballeresca, tal como la codificó, por ejemplo, Ramón Llul2. Justamente porque se diría que de natural no es frecuente -uno entre mil, dice Llul- que alguien privilegiado como un aristócrata terrateniente tienda a socorrer a los indefensos, a patear los caminos en busca de “desfacer entuertos”, y que ponga en riesgo su vida en nombre de la Verdad a cambio de nada más que de honor, esa es, sin duda, la mayor y más valiosa transvaloración posible en la vida de un ser humano, o eso me parece a mí3. En cambio, lo que Nietzsche admiraba, la moral del héroe homérico, o del patricio romano, o de César Borgia, o de Napoleón Bonaparte, ese tipo de hombres fuertes que no se andan con paños calientes a la hora de ejercer esa fuerza -Nietzsche proponía sustituir la compasión por la crueldad, tal cual, en La genealogía de la moral-… ¿Eso qué dificultad, qué mérito, incluso qué demonios de gracia tiene? Cuando un león vence a otro león para quedarse con la leona de la manada y mata a todos los cachorros del macho vencido se comporta de ese modo que Spinoza o Nietzsche denominarían “pasión alegre”, o conforme a la Voluntad de poder. Pero todos creíamos que la moral consistía en hacer un esfuerzo por encima de la naturaleza, no en imitarla; en humanizar la naturaleza, no simplemente en hacer el animal. Cualquiera puede hacer el bestia, sólo el caballero andante es fuerte y a la vez caritativo, superior al hombre común y sin embargo cortés y respetuoso con él, firme pero suave. Si el león mata o ahuyenta al otro león, pero luego se responsabiliza de las crías del vencido tanto como de las suyas… ¿No sería tanto o más magnífico? Nietzsche, estoy seguro, hubiera estado de acuerdo con esto, lo que ocurre, en mi opinión, es que estaba tan obsesionado por procurar una reacción constructiva al nihilismo que pensó que únicamente un energúmeno inmoral podría ser feliz en un mundo ausente de sentido global. De ahí que escribiera el siguiente aforismo, muy ingenioso por cierto (creo que en La Gaya Ciencia): “Ten cuidado cuando expulses tus demonios, no vayas a desechar lo mejor de ti”... Pero sin duda es un gran error. Con este planteamiento, Nietzsche inauguró “la moda de ser un chungo”, como dice últimamente Gabriel Rufián. El león “bueno”, tanto como el caballero andante, son tan limpios, puros, nobles y solitarios como Zaratustra exigía del Übermensch, sin por ello obedecer a burdos instintos propios del león real o del condotiero venal. Hubo en Nietzsche una cierta esquizofrenia: por un lado el Übermensch era aquel que respondía tan sólo ante sus propios impulsos, por otro lado el filósofo sostenía al mismo tiempo que -y Ortega y Gasset lo repetirá en La rebelión de las masas- sólo es superior a la plebe el que se entrega a una causa más alta que sí mismo, es decir, en mi interpretación, el caballero andante, o el militante del ecologismo, de la izquierda o de una ONG genuina. Eso precisamente que Nietzsche tematizó, bellamente, en el capítulo del Así habló Zaratustra titulado “De la virtud que hace regalos”4, es decir, la obtención y el ejercicio de una virtud tan rebosante de sí misma que se vierte generosamente sobre los demás.

De hecho, la resistencia al mal es también una lucha contra el resentimiento. Es el resentido el que, al querer vengarse del daño sufrido, hace el mal para cobrarse lo que entiende como su deuda5. “¡Ahora os vais a enterar de quién soy yo!”. Lo peor del Bien es que siempre tarda un tiempo en aprender a prever las maniobras del mal. Como no se lo espera, porque cree que los demás son como él mismo, le pilla de sorpresa, y a menudo eso le entristece en un sentido netamente espinozista. Hay un genial cuentecito de Bertoldt Brecht en Historias de Almanaque6, que plantea las cosas al revés, si no recuerdo mal. Sócrates, según Brecht, era al principio un tipo ridículo que mentía como un bellaco acerca de sí mismo para fascinar a sus discípulos, hasta que cierto incidente le hace recapacitar y confesar su impostura. Entonces Brecht dice algo así como “desde ese momento, Sócrates empezó a ser Sócrates”… Y volviendo a Nietzsche, el abogado, junto con Baudelaire, del Mal… ¿Acaso hay algo más “intempestivo”, a día de hoy, tiempos de ceguera, egoísmo y codicia sin límites, que hacer, querer y practicar el bien en vez de dejarse llevar por la molicie imperante? La corrupción no sólo es estúpida, también es fea y obscena de ver. ¿Qué “Bien” y “Mal” son ilusorios, no más que espejismos del miedo humano a “un mundo desprovisto de Orden, Belleza o Necesidad” (Nietzsche, Escritos póstumos). De acuerdo, pero sus resultados no. El propio Nietzsche reconocía, en Más allá del bien y del mal, que estar por encima de tales valores no significa en absoluto estar por encima de “lo bueno y de lo malo”. Y hay que ser un verdadero canalla, un cínico o un filósofo sin corazón ni responsabilidad para con los demás para argüir que la destrucción es tan bonita y deseable como la creación, la depauperación como el hacer crecer. Simone Weil escribió...


No ser sino un intermediario entre la

tierra yerma y el campo labrado, entre los

datos del problema y la solución, entre la

página en blanco y el poema, entre el

desdichado que tiene hambre y el

desdichado saciado.


2 Libro de la orden de caballería, Alianza, Enciclopedia catalana; también, mucho después, entre el s. XIX y el XX, la interpretación oriental de la caballería, Bushido, el alma de Japón, de Inazo Nitobe, publicado en Japón, el paisaje del alma, Rudyard Kipling / Inazo Nitobe, Círculo de Tiza.

5 La culpa, la deuda… Schuldhttps://hyperbole.es/2022/10/la-culpa-de-la-culpa/

 
 
 

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