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Atajos filosóficos (616-631)

hace 6 minutos
5 min de lectura

Óscar Sánchez Vadillo



616- A no ser que se viva en condiciones de indignidad o explotación insoportables (la maleur de Weil), sería bueno tratar de nunca perder el buen humor en el trabajo de uno.





617- Al fenómeno de que salgan todos los años de los conservatorios hornadas de músicos excelentemente preparados pero que los que se lleven el pan y la sal sean unos tipos casi analfabetos que nunca pisaron una escuela de música podríamos denominarlo “Bach bunny”…





618- El transhumanismo, el fenómeno Queer o la performatividad de Judith Butler… Todo eso ya estaba en Rocky Horror Picture Show, pero en divertido y desquiciado, que es de 1975.





619- Hay una cierta contradicción en Spinoza entre la insistencia en el conatus y la capacidad adquirida por el sabio de situarse sub specie aeternitatis, ¿o es que el sabio, pese a todas las consideraciones de Spinoza sobre el deseo, también debe aprender a mantener bajo su bota ciertas pasiones y el miedo a morir? Como a Nietzsche, a Spinoza le traiciona su estoico interior…





620- Es propio de una persona civilizada felicitar siempre al artífice de algo que está bien hecho y que es útil y bueno, aunque sea una barra de pan. Creo que era el viejo rijoso de La escopeta nacional el que decía algo así como “¿Que os ha gustado? Pues se dice, coño, se dice…”



626- La vaca es la maravillosa prueba viviente de que la carne es hierba -no digamos el elefante…





627- A propósito, de nuevo, de la Física del Caos, hay un momento en la primera novela de Mary Renault sobre la biografía del andrógino Alejandro Magno en que dice que Aristóteles va a bordo de una nave que se dirige a Pela, capital de Macedonia, y mira absorto la estela que deja el barco para tratar de encontrar alguna pauta a la turbulencia. Cuando lo leí me pareció una hipérbole inadmisible (también Mary dice que Aristóteles tenía una abultada frente, como si fuera un mentat de Dune o El hombre elefante de Lynch o Moore), pero mira, hoy casi que me parece un buen presentimiento…





628- El gran error de la industria mimadora de niños para ordeñar el dinero de sus padres es creer que los niños necesitan de otros niños y de mundo infantil para crecer. No: como sabían muy bien antes de la sociedad de consumo, lo que niños, niñas y niñes necesitan más que comer es que sus adultos correspondientes e irremediables les expliquen -si se dignan, claro- qué significa, y qué recompensas se derivan, de ser adultos. Os juro, como profesor rural que soy, que les interesa pero que muy mucho.





629- Lo mejor de lo que Heidegger llamaba “americanismo” (parangonándolo con el “bolchevismo”) es que han filmado un millón de películas para escarnio del cinismo que ellos mismo practican -ejemplo: el monólogo de “Greed” de Michael Douglas en Wall Street.





630- No es muy difícil adivinar por qué los camareros en su tiempo libre acuden a otro bar en el que ahora les sirven a ellos. Lo he visto mucho.





631- Creer, como el pélida Aquiles, en la “vida de la fama” es pensamiento mágico, puesto que es obvio que la fama vive de un modo mucho más pálido y nominal que el apetito humano, del cual sólo es una descarnada calavera. Sin embargo, y contra Emile Cioran, el nombre que coadyuvaba a esa bruñida calavera importa, e importa mucho, porque es como una enseña heráldica, una manifestación del hidalgo y noble “deber ser” frente al “tira p´alante” de Miguel Ángel Rodríguez y la plebe que retuitea sus burdas mentiras.








621- Mandamiento neomosáico contra la crisis climática: “Pondrás el nombre de tus hijos sobre todas las cosas” (esperemos que las élites no lo vean también así...)





622- ¿Y si el patriarcado se originó no por presión o conveniencia masculina, sino porque ellas les cedieron el protagonismo por pena y por amor?





623- Al contrario de lo que cantaba Bunbury (Avalancha), la locura siempre tuvo maestros…





624- Otro mandamiento neomosáico: “No cometerás actos puros” (porque aunque es cierto que hay bien, no existe el bien sin mezcla alguna de mal, como ya indicaba el signo del Yin-Yang).





625- Y otro: “Despreciarás al cretino de Elon Musk por encima de todos los demás tecnomillonarios demenciados” (y si ahora no sabes por qué, mañana seguro que se lo habrá ganado a pulso).




626- La vaca es la maravillosa prueba viviente de que la carne es hierba -no digamos el elefante…





627- A propósito, de nuevo, de la Física del Caos, hay un momento en la primera novela de Mary Renault sobre la biografía del andrógino Alejandro Magno en que dice que Aristóteles va a bordo de una nave que se dirige a Pela, capital de Macedonia, y mira absorto la estela que deja el barco para tratar de encontrar alguna pauta a la turbulencia. Cuando lo leí me pareció una hipérbole inadmisible (también Mary dice que Aristóteles tenía una abultada frente, como si fuera un mentat de Dune o El hombre elefante de Lynch o Moore), pero mira, hoy casi que me parece un buen presentimiento…





628- El gran error de la industria mimadora de niños para ordeñar el dinero de sus padres es creer que los niños necesitan de otros niños y de mundo infantil para crecer. No: como sabían muy bien antes de la sociedad de consumo, lo que niños, niñas y niñes necesitan más que comer es que sus adultos correspondientes e irremediables les expliquen -si se dignan, claro- qué significa, y qué recompensas se derivan, de ser adultos. Os juro, como profesor rural que soy, que les interesa pero que muy mucho.





629- Lo mejor de lo que Heidegger llamaba “americanismo” (parangonándolo con el “bolchevismo”) es que han filmado un millón de películas para escarnio del cinismo que ellos mismo practican -ejemplo: el monólogo de “Greed” de Michael Douglas en Wall Street.





630- No es muy difícil adivinar por qué los camareros en su tiempo libre acuden a otro bar en el que ahora les sirven a ellos. Lo he visto mucho.





631- Creer, como el pélida Aquiles, en la “vida de la fama” es pensamiento mágico, puesto que es obvio que la fama vive de un modo mucho más pálido y nominal que el apetito humano, del cual sólo es una descarnada calavera. Sin embargo, y contra Emile Cioran, el nombre que coadyuvaba a esa bruñida calavera importa, e importa mucho, porque es como una enseña heráldica, una manifestación del hidalgo y noble “deber ser” frente al “tira p´alante” de Miguel Ángel Rodríguez y la plebe que retuitea sus burdas mentiras.


 
 
 

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