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YAHVÉ Y LA CONSTITUCIÓN DE 1978


Francisco José García Carbonell




Escribe Peter Sloterdijk: “Quintiliano definió en su teoría de los tropos la hipérbole como una exageración conveniente de lo verdadero (decens veri superiectio), de la que da el no muy afortunado ejemplo de alguien que vomitó y llenó de vomito su propio regazo y toda la sala de audiencias. Con esto se podría pensar que la hipérbole ha de contarse entre las funciones orales; ella añade a la oralidad habitual una cualidad eruptiva. Pero el arte del orador debe en la exageración atender también a la proposición: “Pues aunque toda hipérbole exagera lo creíble, no debe propasarse. Quien quiera exagerar ha de saber hasta dónde puede llegar: quo usque deceat extollere” (Peter Sloterdijk, Sin salvación. Tras las huellas de Heidegger)

En este singular libro, “Sin salvación. Tras las huellas de Heidegger”, Peter Sloterdijk trata de encontrar un punto que abra una brecha por donde podamos salir de las sombras del extremismo, de esa política extremista que amparándose en el terror que provoca la culpa y la apología parece marcar el funcionamiento del intelectual de hoy en día. ¿Por qué entonces Heidegger? ¿Por qué los pensamientos de este aplicando sus propuestas a los problemas filosóficos del presente?, ¿por qué el autor de esa Carta abierta sobre el humanismo y que renegaba de la concepción de Sartre?, ¿Por qué el autor de la nada es nada y que sin embargo en las postrimerías de su muerte indicaba que sólo un Dios puede salvarnos?, ¿por qué esta erupción de un Dios que no ha llegado?, ¿por qué un Heidegger que señalaba, contra la concepción marxista, que un mundo en constante transformación debe ser interpretado?

Para comprender, creo yo, a Heidegger tendríamos que recurrir a ese Heidegger que propugnaba la poesía como manifestación de la Verdad. Ese Heidegger que tras el fracaso del líder político nazis excava en Hölderlin, algo que estaban haciendo antes otros pensadores alemanes, para buscar en la esencia de su poesía platónica, en la instauración del ser a través de la palabra, una guía espiritual para el pueblo alemán. Pero para Heidegger igual que para Nietzsche Dios ha muerto. Escribe Heidegger:

“Hölderlin poematiza la esencia de la poesía, pero no en el sentido de un concepto de valor intemporal. Esta esencia de la poesía pertenece a un tiempo determinado. Pero no conformándose a este tiempo como algo ya existente. Cuando Hölderlin instaura de nuevo la esencia de la poesía, determina por primera vez un tiempo nuevo. Es el tiempo de los dioses que han huido y del dios que vendrá”

Como escribó Joan Brossa:

“La poesia és un joco on, sota una realitat aparent, hi aparaix una altra d´insopitada”.

Parafraseando a Nietzsche, Dios ha muerto porque lo hemos matado entre todos, tú y yo somos culpables de su muerte. Tú y yo hemos acabado con ese destino común, con ese acervo cultural que señalaba José Antonio Primo de Rivera al referirse al espíritu de la hispanidad que es envidia de todo el orbe terrestre. Con ese espíritu fanático y nacional con el que se regocijaba Franco cuando se dirigía a alguien: “somos la envidia de Europa”.

Pero los dioses han vuelto, los dioses han vuelto a ocupar el lugar de Dios. Dios no ha muerto y nunca lo hizo, Dios sólo nos dejo huérfanos. El espíritu se ha difuminado no en la nada, porque la nada es la nada y de la nada ni surge y, mucho menos, se difumina algo. Dios se difuminó en el vacío del olvido y ahí permanece esperando a que alguien lo rescate de las sombras.

Los dioses panteístas de Spinoza han surgido de nuevo. Esos dioses forman un todo, un totalitarismo que evitan, por tanto, todo contacto con el hombre. Los dioses panteístas forman un todo que rompe el lazo de unión entre el tú y el yo. Ese lazo de unión que mantenía Dios con el hombre.

Y surgieron entonces de este total de dioses el monstruo bíblico Leviatán, ese de poder descomunal, ese rey que gobierna sobre todos los soberbios, ese que surge de lo profundo del mar. El mismo Leviatán hobbesiano que se abalanza sin contemplaciones sobre el espíritu de cualquier constitución, todo para engullir con su enorme apetito el contrato social. Leviatán desprecia a los hombres, no ve las relaciones entre los hombres. Leviatán es el representante de los dioses del absoluto. Leviatán es el absolutismo en la tierra. Los problemas del día a día de los hombres le traen sin cuidado, ya que Leviatán es la idea material del absoluto:


Tú con tu poder, dividistes el mar y

aplastaste las cabezas de monstruos

marinos

Rompiste las cabezas de Leviatán y

lo diste por comida a las tortugas de

mar.

(Salmo 74, 13-14)

Pero Dios que aún está por volver, prepara su venganza:

En aquel día Yahvé castigará con su

espada dura, grande y fuerte al

Leviatán serpiente tortuosa; y

Matarán al dragón que está en el mar

(Isa 27,1)




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