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Una modesta proposición en la hora de la muerte de Isabel II



Óscar Sánchez Vadillo



Para Merche Que parece que no, pero es dificilísimo ser reina (70 años en el cargo, nadie podría en todo el planeta presumir de un currículum semejante, ni ahora ni nunca): todo un corsé de conveniencias y protocolos desde niña, todo un yugo de obligaciones oficiales, ser cuidada como un faisán prisionero, ser menos libre en la práctica que el más tirado de tus súbditos, que hasta los propios Beatles se burlen un poquito de ti en una canción (por no hablar de los Sex Pistols...) A su edad, 96 palos, Isabel II, Su Alteza Soberana del Reino Unido de la Gran Bretaña, Emperatriz de la India y Líder indiscutida de la Commonwealth -que no es ni mucho menos moco de pavo, sino gloria imperial acreditada-, no ha podido más, y a mucha honra. Lo cierto es que no sirve de mucho una reina que ya no podía saludar a nadie, aunque fuera con guantes (es sabido, por cierto, que Isabel contaba con una mano postiza que maniobraba desde su augusta mano real bajo la manga, porque por lo visto tanto tener la palma abierta se le agarrotaba regiamente; https://elpais.com/elpais/2018/09/28/gente/1538136259_852267.html), ni reunirse con nadie, aunque fuera con escolta, ni hacer acto de presencia en conmemoraciones públicas, aun luciendo mascarilla de ganchillo bordada por el modisto de la Corte, a causa del miedo a la Covid. Pero es que la alternativa que se nos presenta ahora es terrible, inconcebible. ¡El príncipe Carlos (vi una representación de Rocky Horror Show en un teatro de ese nombre en Londres) ungido rey tardío del Reino Unido de Gran Bretaña, como cabeza visible de The Firm, que es el nombre que la casa de los Windsor, desde que son Windsor y no Sajonia-Coburgo y Gotha -que sonaba muy prenazi en tiempos de derrota militar alemana...- se dan entre ellos en cuanto coágulo familiar firm...emente empeñado en un fin común, que es el de conservar y no soltar el negocio megaristocrático! Por si alguien en España no lo sabe, porque no leéis el tabloide The Sun -yo tampoco, pero porque soy plebeyo en idiomas-, Carlos, largas décadas siendo simplemente Príncipe de Gales, no sólo es el responsable de la enorme fama adquirida por su ex-mujer en contra de sus propios intereses familiares, sino que además es un hombre pelmazo, inquisitivo, tiquismiquis, que dedica su tiempo libre a enviar cartas con su opinión a toda clase de instituciones de la sagrada Isla, las cuales le ignoran cortésmente, y que está deseando llegar al trono para llevar a cabo toda suerte de innovaciones que se le han ocurrido a él solito. Imaginaos al Orejas, con hambre muy, pero que muy atrasada de poder, frotándose las manos en su afán de realizar su sueño al amparo del cual posaba desde niño frente a los espejos de palacio con la corona de cumpleaños del Burger King en su testa, lleno de proyectos, ávido de protagonismo, deseoso de hacer valer su criterio de mimado en tiempos del Brexit. Como gritaban en Excalibur -o era sólo el noble Lancelot, no recuerdo bien-, de John Boorman, como la expresión escandalizada de proclamar la mayor calamidad cósmica acaecida sobre la desdichada Albión, y por tanto de la entera cristiandad, “¡¡¡El Rey sin Espada, la Tierra sin Rey!!!”


https://youtu.be/pyLrM8g4qn0 (Helen Mirren, que en esta hacía de Morgana Le Fey, luego hizo de la propia Isabel en esa película hagiográfica con nombre de grupo de rock, ¡God save Helen Mirren!). Para colmo, la monarquía en UK acapara una inmensa cantidad y calidad de poderes que lo más sensato es no usar jamás, y así es como se ha hecho, juiciosamente, hasta hoy. Las pocas veces que Isabel sentía la tentación de tomar una iniciativa, las malas lenguas cuentan que sus ujieres le ponían a tiro un vasito o dos de ginebra, y asunto solucionado -ojalá fuera igual de fácil con Trump, por ejemplo, pero es abstemio el canalla, como Hitler... Ahora poneos en la situación pavorosa de que a Carlitos le dé, por ejemplo, por conducir por la diestra, conforme a sesudas disquisiciones por él concebidas, dando la razón, dos siglos después, a Napoleón Bonaparte. La que se armaría sería gorda, no sólo en la Isla, sino en Australia, Canadá, partes de África y Asia. En fin, no quiero seguir atormentándome con la idea. Sin más rodeos, va mi modesta proposición, a la manera del Dean Swift, para columbrar un poco de luz en estos días de luto: que se considere muy seriamente la opción de Sir Elton John como candidato a la sucesión real, aunque sólo sea porque era amigo de Diana, porque tiene talento en algo, y porque viste mucho más de rey que Carlos, dónde va a parar...

(Yo, sinceramente, la voy a echar de menos... ¡Descanso y paz para Isabel II!)






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