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Pensamiento en prisión

El pensamiento siempre es libre… incluso en prisión Por



Empeñados en dotar de herramientas filosóficas a todos, a todas, y especialmente a quienes más lo necesitan (porque quizá nunca oyeron hablar sobre tal cosa), un grupo de investigadores con José Barrientos-Rastrojo a la cabeza están inmersos en la aventura de llevar la filosofía a la prisión. Este es el relato de su experiencia. 

Por Pilar G. Rodríguez La filosofía, la importancia del pensamiento crítico… Muy bien, en las universidades lo saben. Y en los institutos y en los colegios también o, al menos, deberían saberlo. Pero no basta con eso. La filosofía es aventura y riesgo serio. No es una sentada de horas de estudio, sino un empujón. A Eduardo Vergara, licenciado en filosofía, pero sobre todo militante de esa rama del conocimiento, el empujón le hizo llevar la filosofía las cárceles. Su proyecto se materializó en 2007 en las prisiones de Mairena del Alcor y de Alcalá de Guadaira (Sevilla, España). Allí empezó todo gracias al apoyo de José Barrientos-Rastrojo, pionero y experto en filosofía aplicada e impulsor del grupo ETOR (Educación, tratamiento y orientación racional) que había surgido a principios de los 2000 al calor de la Facultad de Filosofía de la Universidad de Sevilla. Él es el director de este proyecto y quien lo explica pormenorizadamente y de primera mano, en este artículo. Resumido muy brevemente consiste en llevar a cabo talleres de filosofía para presos que realmente tengan una repercusión en su vida, su actitud y comportamiento y cuyos efectos sean, a ser posible, cuantificables. En la actualidad el proyecto ha cruzado el charco y, en su versión llamada BOECIO, se desarrolla en México y Brasil y tiene objetivos ambiciosos de ampliación.

Geografía de un proyecto En México, la filosofía llega al Centro de Ejecuciones y Sanciones Penal Oriente (CESPVO), en el Reclusorio Sur (ambos masculinos) y en el Centro Femenil de Santa Martha en México. Allí, los talleres fueron iniciados por Marco Antonio López Cortés y se ha unido, luego, Ángel Alonso, secretario del Programa Universitario de Bioética y Profesor Titular en la Universidad Autónoma de México (UNAM). En Brasil, el profesor Edson Renato Nardi, director del Posgrado de aconselhamiento filosófico del Centro Universitario Claretiano, coordina los talleres en la prisión Serra Azul. En 2020 el proyecto aterrizará en Colombia, en la Prisión del Buen Pastor, por medio del equipo coordinado por Víctor Rojas, profesor en la Corporación Universitaria Uniminuto y director del grupo Marfil. En marzo está previsto llegar a Argentina (Buenos Aires y Rosario). Asimismo hay intenciones de llevar la iniciativa a Portugal (Algarve y Oporto), Estados Unidos (Texas), Israel y Turquía. Sin etiquetas, por favor José Barrientos-Rastrojo dirige el proyecto de filosofía aplicada en prisiones BOECIO.Antes de comentar en detalle la especificidad de estos talleres, una matización importante: «El peligro de hablar de diferencias de aquellos que están en prisión –explica Barrientos– es incentivar la estigmatización social al atribuirles características por naturaleza vinculadas con la violencia, o con deficiencias cognitivas o de socialización. Muchos reclusos se encuentran en prisión por sentencias que se acaban demostrando que no eran correctas o, aún más grave, por venganzas personales procedentes de poderosos, por falta de recursos económicos para afrontar un proceso justo o por ideología del sistema (por ejemplo, conocemos casos de mujeres en prisiones latinoamericanas con penas largas por un delito que cometieron junto a su pareja masculina y ellos están fuera de prisión). Esta reflexión no desea exculpar a todos los internos, sino que quiere evitar valoraciones simples en una situación que es muy compleja y que requiere matizaciones que no siempre aparecen en los medios». Dicho esto –prosigue Barrientos-Rastrojo– el filósofo no trabaja en prisión para imponer justicia, hacer valoraciones éticas y menos desde una conciencia de las actividades previas del alumno. De hecho, una de las primeras máximas del filósofo aplicado es superar estas etiquetas para empezar a restituir al delincuente, devolverle su posibilidad de ser algo más amplio que una categoría devaluadora que lo distinga respecto a los seres normales, como se explica en Vigilar y castigar o en obras de Juan Pablo Mollo». «El filósofo no trabaja en prisión para imponer justicia ni hacer valoraciones éticas», explica Barrientos-Rastrojo

Con todo, hay diferencias y estas empiezan por las más básicas: entrar en una cárcel no es lo mismo que entrar en cualquier otra institución. Un acto en teoría tan sencillo se puede convertir en una hazaña por culpa de rituales burocráticos pesados y enrarecidos: «Entrar en prisiones españolas como voluntario depende de pasar el filtro de las asociaciones que copan el trabajo dentro o de contacto de personas que llevan mucho tiempo desarrollando talleres». Y aprovecha para dar las gracias a todas aquellas personas que les han ayudado en su empeño. Por otra parte, hay dificultades técnicas, deudoras de la propia situación de encierro. «Primero, hay ciertos objetos que no se pueden introducir en prisión o requieren semanas y meses para hacerlo. En prisiones latinoamericanas, la pobreza conduce a tener dificultades para tener los rudimentos más básicos como una pizarra. Asimismo, la frecuencia en la asistencia a un proyecto de siete meses puede ser problemática puesto que hay traslados repentinos, personas que entran en aislamiento u otras circunstancias que no siempre aseguran la continuidad. Por otro lado, los talleres pueden cuestionar ideologías útiles para el sistema creado dentro y que manipula como el pensamiento de que asesinar es un mecanismo de elevación en el ranking masculino. Esta es una auténtica acción de pensamiento crítico con posibles consecuencias cercanas a lo que sucedió a Sócrates o Séneca. Sin embargo, saca a la filosofía de ser una mera impostura, transforma al filósofo de mero dandy crítico y abúlico a un comprometido pensador que se enfrenta al sistema de forma real».

La comunicación familiar y la experiencia en México Marco Antonio López comenzó las sesiones en el Penal Oriente de Ciudad de México.Egresado de la Facultad de Estudios Superiores Acatlán UNAM, Marco Antonio López Cortés es el responsable del proyecto BOECIO en México. En la valoración del mismo se centra en uno de los beneficios que se presenta con mayor frecuencia: retomar el contacto familiar. «Buena parte de la población que se encuentra en prisión pierde contacto con sus familiares debido a la defraudación o decepción que este supone: el preso es olvidado y al mismo tiempo él olvida que el lazo familiar es importante. El rencor se acumula y ni una ni otra parte intenta comunicarse. Una vez que en el taller de filosofía se explica un punto del proyecto sobre cómo atajar pasiones como la cólera, por mencionar alguna, ellos toman el valor suficiente para desprenderse de toda esta nebulosa que les impide ceder ante la indiferencia de su familia. Deciden llamar y la sorpresa que se han llevado es que los escuchan con afabilidad. Dando este primer paso la comunicación se fortalece y el éxito es que tienen visita familiar después de varios años. Desde luego, las citas que se encuentran en los textos que se les otorgan a los alumnos no sugieren tal cual la situación de reconciliarse con sus familiares, sin embargo, ellos han argumentado que el ejercicio de reflexión que ha surgido del taller les ha llevado a tomar la decisión de comunicarse con sus esposas, hijos y padres principalmente. Es aquí donde la filosofía demuestra una vez más que es un bien si se encarna paulatinamente».

La filosofía es un gimnasio Los talleres son largos, de entre cinco y siete meses, y no consisten en dar una clase de filosofía y debatir sobre los temas propuestos, no. La tarea del conductor es dotar de herramientas filosóficas a los internos para el desarrollo de su pensamiento crítico, el gobierno de sí y de sus emociones. Pero esto corre por su cuenta, de modo que lo que importa no es la atención prestada a la sesión semanal, sino lo que el recluso hace con aquello que ha apuntado o que ha escuchado durante la semana. «BOECIO no es un curso que proponga contenidos, sino que crea escenarios para que los internos crezcan filosóficamente. Este crecimiento les ayuda a que sean ellos los que generen sus propios pensamientos. Así, se rompe la estructura unidireccional de la enseñanza de la filosofía puesto que el interno ha de ser el agente de su cambio (si lo desea). Nosotros solo le proporcionamos los pinceles: la obra de arte de su vida es responsabilidad suya. La misión de quienes imparten los talleres no es proponer contenidos, sino conseguir que los internos crezcan filosóficamente y lleguen a generar sus propios pensamientos: así se rompe la unidireccionalidad de la enseñanza de la filosofía Por pertinentes que pudieran parecer asuntos como la esperanza o el perdón «el temario no se centra en contenidos, sino en habilidades prácticas. Por ejemplo, dos sesiones del proyecto se centran en la diakrisis, es decir, en aprender a distinguir (1) lo que depende de mí y puedo cambiar y (2) lo que no depende de mí y debo aprender a aceptar. Este taller ha levantado temas como la esperanza y el perdón, pero lo que se buscan no son las respuestas o sistemas generados, sino mejorar las capacidades de los asistentes para incentivar su autonomía para darse respuestas, para que estas les lleven a la acción o para que acepten sus descubrimiento, según el caso».

Ejercicios filosóficos Junto a la mencionada diakrisis, en los talleres se llevan a cabo otros ejercicios como la desensibilización óntica o visión cósmica. Se trata de saber distanciarse de un problema para llevar a cabo un mejor autogobierno. Al ser capaz de pensarse o verse a uno mismo desde fuera de las situaciones de conflictos cambia de inmediato la percepción del problema y también las reacciones y sus efectos. Por ejemplo: hay una bronca en el patio, me empujan y respondo con un puñetazo; pero si viera el lío desde uno de los corrillos o desde una ventana, ¿reaccionaría igual? Seguramente no entraría o no bajaría a pegar a nadie. Otro de los ejercicios es la premeditatio malorum, un ejercicio estoico que trata de adelantarse a lo que ocurra y pensarlo sobre todo en términos negativos: imaginar que somos ciegos o que no podemos ver los colores tiene repercusiones sobre la conciencia y el valor que damos a lo que tenemos al tiempos que nos prepara por si alguna de esas desgracias ocurriera.

Querencia estoica Como se deja intuir a través de los ejercicios, los estoicos son los filósofos de cabecera de este proyecto. «Recurrimos a trabajos de Séneca, Marco Aurelio, Epicteto, Crisipo o Musonio Rufo. Pero, además, añadimos textos de otros autores que sirven para el despliegue de las tareas como Boecio, María Zambrano, Husserl, Honneth o Baudelaire. En cualquier caso, volviendo al gimnasio mencionado anteriormente, no es tan importante el nombre del autor del libro que nos ayuda a desarrollar los bíceps, sino el mecanismo necesario para llevarlo a término y su ejecución diaria. La filosofía es más importante que los filósofos, aunque intentamos sujetarnos a los filósofos para evitar perder la naturaleza de la disciplina que, después de todo, nos llega a través de sus autores».

Resultados empíricos Lo que diferencia a BOECIO de otras iniciativas similares es su ambición por la cuantificación de los resultados. El hecho de haber sido financiado por una fundación estadounidense por medio de la Universidad de Chicago exhortaba a la verificación empírica de los resultados. Y esta llegó. En palabras de Barrientos-Rastrojo, se obtuvo «una mejora de la regulación emocional de un 15,2%, en la apertura mental de un 14,3% y de las capacidades para enfrentar los conflictos y dificultades con humor de un 23,4%. Este último dato coincide con la idea de Séneca de que un mecanismo para disminuir la violencia y la ira pasaba por tomar las agresiones desde el filtro de la broma y la ruptura de la seriedad belicosa».

Y prosigue Barrientos: «Desde la perspectiva cualitativa, hemos descubierto la disminución de las ideas suicidas en muchas reclusas, un mayor control de las propias pasiones o de la capacidad para tomar las riendas de la propia existencia. En este último sentido, había presos que hacía años que no se comunicaban con su familia y, después de las sesiones, decidieron telefonearla y tener contactos por iniciativa propia. En una prisión donde los funcionarios recibieron con escepticismo los talleres nos solicitaron que los realizásemos con ellos. Varias mujeres de una de las prisiones se inscribieron en la carrera de Filosofía. Otros internos que finalizaban la condena y pensaban volver a delinquir puesto que solo tenían vida entre rejas nos han agradecido los talleres porque han aprendido a generar nuevos horizontes de sentido fuera del reclusorio. Por último, algunos casos nos han generado conflictos y riesgos graves, por ejemplo cuando han abandonado el consumo de drogas y quienes las suministraban decidieron pasar a la acción contra nosotros». Los efectos de las sesiones de filosofía llegaron a poner en compromiso en ocasiones a quienes los impartían, como cuando algunos reclusos dejaron el consumo de drogas y aquellos que las suministraban decidieron pasar a la acción contra los profesores

Las emociones y la experiencia en Brasil Edson Renato Nardi, del universitario Claretiano, es el responsable del proyecto BOECIO en Brasil.El responsable de los talleres en Brasil, Edson Renato Nardi (Centro Universitário Claretiano), recuerda algunos de los momentos en los que sintió que el proyecto BOECIO y su ambición de que los reclusos incorporaran la filosofía a su día a día daba sus frutos: «En muchos momentos tuve la evidencia empírica de que los internos usaron las categorías de reflexión propuestas en el proyecto para analizar su realidad, situarse de manera diferente en relación a ella y así poder gobernar sus emociones. Entre estos, el día en que un recluso dejó caer agua involuntariamente sobre su compañero de prisión y se dirigió a él afirmando que la presentación del hecho era correcta (estaba mojado por el acto de su colega) pero que la re-presentación, es decir, la opinión que tenía no debería ser que fue intencional, sino un accidente». «En otro momento –continúa Nardi–, otro interno se enteró de que un pariente suyo estaba muy enfermo. Cuando comenzó a darse cuenta de las emociones que tal condición le traía, recordó la lectura de Epicteto sobre las cosas que están sucediendo bajo su poder de acción y que puede cambiar y aquellas que no al no depender únicamente de él. Se dijo a sí mismo que no podría hacer nada porque estaba detenido y no tenía medios para abandonar la penitenciaría en ese momento; no podía intervenir en la enfermedad que afectaba a su pariente y, sin embargo, sí podía influir sobre las preocupaciones, la culpa y la desesperación que inicialmente había provocado la noticia. Al realizar el ejercicio, se encontró lo suficientemente tranquilo como para lidiar con lo que sucedió y se mantuvo equilibrado en este momento difícil».

Los internos y las internas en la prisión A la hora de enumerar los resultados del proyectos, hacía José Barrientos la distinción por sexo en algunos de ellos. Es pertinente porque hay muchas diferencias, especialmente en los países latinoamericanos: «Sufrir condenas distintas, no poder recibir visitas de hombres (salvo que estés casada con uno de ellos) en el caso de ellas –explica Barrientos–, mientras ellos no han de pasar este filtro o circunstancias más sangrantes como que las mujeres son visitadas en un porcentaje de menos de un 20% y los hombres de más de un 80%. La estigmatización de la mujer delincuente y de su familia (que debería haber impedido que la chica se ‘descarriase’) es mayor». También existen diferencias en torno a las razones para cometer delito. Más de un 80% de internas colombianas afirma que delinquió para conseguir dinero para ella o para su familia. En este sentido la primera causa es el tráfico de drogas. Las causas de las penas de los hombres son más variadas y no tienen tan en cuenta el cuidado de la familia. «Por otro lado –prosigue el filósofo–, solo un 5% de las parejas (masculinas) que están fuera cuida de los hijos comunes cuando ellas están en prisión frente a más de un 80% de ellas. Por último, la principal preocupación de las mujeres en prisión suele ser la familia y la del hombre se distribuye en otras como, por ejemplo, el trabajo o conseguir la libertad, como explica en sus talleres mi compañero Eduardo Vergara. Además, el proyecto BOECIO ha sido testigo de cómo hay contingentes de mujeres en Latinoamérica que van de su prisión a la de hombres a prostituirse para conseguir dinero, circunstancia de la que no tenemos parangón en el caso de hombres». Hay muchas diferencias entre las reclusas y los reclusos en las prisiones de Latinoamérica en cuanto a las motivaciones para delinquir, la imposición de penas, el trato dentro de las cárceles…

El pensamiento siempre es libre Finalmente, quisimos saber si los muros de la cárcel son barreras para el pensamiento, si dentro se debate y se puede hablar y expresar todo, y la sorpresa es mayúscula; una invitación, como la del principio, a acercarnos a gentes, instituciones, grupos sin prejuicios, a intentar mantener la mirada abierta, curiosa y bien dispuesta para la sorpresa: «Dentro de prisión no se nos han planteado temas tabú hasta el momento. No obstante, el curso pasado estuve monitorizando unos talleres en Casas Hogar en México (lugar en que se recibe a hijos de presos, huérfanos o niños de los que no se pueden ocupar sus padres) y me sorprendió que los/as educadores/as y los/as directores/as prohibían a los alumnos hablar sobre ciertos temas. La sorpresa fue supina puesto que, si no lo hacían dentro, lo harían fuera sin profesionales que pudieran cuestionar las ideologías de aquellos que deseaban controlarlos. En la medida en que nosotros trabajábamos también la filosofía con niños, nos planteamos que si se mantenían las restricciones no sería posible realizar un trabajo de pensamiento crítico y que abandonaríamos esas instituciones». «Desgraciadamente –prosigue el filósofo–, he visto esta misma imposición ideológica en estructuras europeas ajenas a las prisiones que, bajo el paraguas de un supuesto ‘pensamiento crítico’, aceptan la crítica solo de los principios contrarios a la propia visión, pero se oponen a analizar y criticar las posiciones que ellos defienden, acusando a aquellos que no se alistan a los propios presupuestos de irracionales o bárbaros. En ocasiones, hay más libertad en los recintos confinados que en las aulas de fuera». Porque dentro y fuera, como dice el comienzo de una tradicional canción alemana, Die gedanken sind frei… El pensamiento, los pensamientos son libres. «Aunque me encierren en un oscuro calabozo/ Siguen siendo inmortales/ Porque mis pensamientos destrozan las barreras y los muros/ Los pensamientos son libres», dice una de las estrofas. Y tanto. Por muy preso que esté el cuerpo el pensamiento siempre, siempre, es libre.


Fuentes:

https://www.filco.es/pensamiento-libre-incluso-en-prision/

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